7 de Julio
Martes XIV Ordinario
San Atanasio de Alejandría
Contra los Arrianos, II, 78.81-82
Oficio, II
"Todo lo hiciste con sabiduría", y "la tierra está llena de tus criaturas". La sabiduría unigénita y personal de Dios es creadora y hacedora de todas las cosas. En efecto, para que las cosas creadas existieran, y existieran debidamente, quiso Dios acomodarse a ellas por su sabiduría, imprimiendo en todas ellas (en conjunto, y en cada una en particular) cierta similitud e imagen de sí mismo, para que las cosas creadas estuviesen embellecidas y sus obras fuesen dignas de él.
Del mismo modo que nuestra palabra es imagen de la Palabra de Dios, así también la sabiduría humana es imagen de esta misma Palabra. Así, por nuestra facultad de saber y entender nos hacemos idóneos para recibir la sabiduría de Dios, y mediante ella podemos conocer a su Padre, pues "quien posee al Hijo posee también al Padre", y "el que me recibe, recibe al que me ha enviado".
Ya que existe en todos nosotros una participación de esta Sabiduría, con toda razón la sabiduría humana se atribuye algunas de sus propiedades, y tienen en sí una participación de la misma, pues la Escritura dice: "El Señor me creó al comienzo de sus obras", y: "Yo era su encanto cotidiano, y todo el tiempo jugaba en su presencia".
Cuando el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, "quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los creyentes". Dios no quiso ya ser conocido, como en tiempos anteriores, a través de la sabiduría de las cosas creadas, sino a través de la auténtica Sabiduría hecha carne, hasta su muerte en cruz. En adelante, todos los creyentes pueden salvarse únicamente por la fe en ella.
Esta es la sabiduría de Dios, impresa en las cosas creadas (razón por la cual se dice "fui creada") y que, en el momento adecuado, se dio a conocer a sí misma, y ella dio a conocer al Padre. Esta Sabiduría, que es también la Palabra hecha carne, o Jesucristo, destruyó la muerte y liberó nuestra raza
"Haz que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo". En efecto, la sabiduría de Dios, o Hijo encarnado de Dios, se reveló con más claridad a sí mismo y reveló definitivamente al Padre. De este modo, toda la tierra está llena de su conocimiento.
Act:
07/07/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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