8 de Julio
Miércoles XIV Ordinario
Procopio de Gaza
Comentario de Proverbios, IX
Oficio, II
"La sabiduría se ha construido su casa". La potencia personal de Dios Padre se preparó como casa propia todo el universo, en el que habita por su poder. Y también lo preparó para aquel que fue creado a su imagen y semejanza, y consta de una naturaleza en parte visible y en parte invisible.
"Plantó siete columnas". Al hombre creado, y para que crea en él y observe sus mandamientos, Dios le ha dado los siete dones del Espíritu Santo. Con ellos, estimulada la virtud por el conocimiento, y recíprocamente manifestado el conocimiento por la virtud, el hombre espiritual llega a su plenitud, afianzado en la perfección de la fe por la participación de los bienes espirituales.
En efecto, la natural nobleza del espíritu humano queda elevada por el don de fortaleza, que nos predispone a buscar con fervor y a desear los designios divinos (según los cuales ha sido hecho todo). El don de consejo nos da discernimiento para distinguir entre los falsos y los verdaderos designios de Dios (increados e inmortales), y nos hace meditarlos y profesarlos de palabra al darnos la capacidad de percibirlos. El don de entendimiento nos ayuda a someternos de buen grado a los verdaderos designios de Dios, y no a los falsos.
"Ha mezclado el vino en la copa y puesto la mesa". En el hombre se hallan mezclados, como en una copa, lo espiritual y lo corporal. La potencia personal de Dios diseñó a la ciencia natural de las cosas, y el conocimiento de ella es como un vino que embriaga con las cosas que atañen a Dios. Alimentando a las almas de esta manera, Dios los embriaga y deleita con su instrucción, y dispone todo esto a manera de alimentos destinados al banquete espiritual.
"Ha despachado a sus criados para que anuncien el banquete". Dios envió a los apóstoles a la proclamación evangélica, y por ellos invita a todos a que acudan al misterio de Aquel en el cual tuvo tuvo lugar una mezcla admirable de la naturaleza divina y humana, unidas sin confusión en una sola persona.
"Los faltos de juicio, que vengan a mí". El insensato, que piensa en su interior que no hay Dios, todavía está a tiempo para huir de su impiedad, acercarse a Dios por la fe y reconocer que él es el Creador y Señor de todas las cosas.
"Venid a comer de mi pan, y a beber el vino que he mezclado". Tanto a los faltos de obras de fe, como a los que tienen el deseo de una vida más perfecta, esto es lo que le dice el Hijo de Dios, más o menos: Venid y comed mi cuerpo, que es el pan que os alimenta y fortalece. Bebed mi sangre, que es el vino de la doctrina celestial que os deleita y diviniza. He mezclado de manera admirable mi sangre con la divinidad, para vuestra salvación.
Act:
08/07/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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