10 de Julio

Viernes XIV Ordinario

Juan Mosco
Patericon, CXLII 142

Oficio, II

         Decía el sabio que "el que oculta su crimen no prosperará", y que "el que lo confiesa y se enmienda será compadecido". Hermano, soporta la iniquidad, ten el mundo por ignominia y hazte pequeño en todo tu quehacer.

         Sobre todo, que sea modesto tu talante ante cualquier hombre, adelantándote a saludarlo tú a él como a persona importantes. Quien se cree superior por su sabiduría, que sea realmente sabio, pues "dichoso es quien se presta para cualquier trabajo".

         El que por el Señor se humilla, y ante el Señor se empequeñece, da gloria al Señor. El que por el Señor padece hambre y sed, éste lo colmará de bienes. El que por el Señor reparte consuelo, éste lo vestirá de ornamentos gloriosos. El que es pobre y se aflige por el Señor, Dios lo consolará con verdaderas riquezas.

         Desprecia tu vida a causa del Señor, para que tu fama se difunda (sin tú saberlo) por todos los días de tu vida. Considérate pecador, si quieres llegar a ser justo. Sé humilde en tu propia sabiduría, y no te jactes de tu saber. Frecuenta el trato de los buenos para, por su medio, acercarte al Señor. Cultiva la compañía de los humildes, para que aprendas su modo de vivir.

         Conviene que el monje tenga el corazón siempre preparado para cualquier obra celestial, y que jamás dé cabida a la altivez en sus pensamientos. Quien siembra entre espinas nunca llegará a cosechar, ya que pierde su alma en ese afán por sobresalir y acumular.

         Los ojos del Señor se fijan en los humildes, cuya oración pasa directamente de la boca al oído. El espíritu de servicio y la humildad hacen al hombre soberano de la tierra. La fe y la misericordia pronto florecen en sabiduría.

         Dichosos los que, por amor del Señor, se sumergen en las tribulaciones, sin ira ni tristeza. Al desaparecer éstas, inmediatamente consiguen la salvación (acogidos al puerto de la divinidad) y se dirigen a la casa de Dios por el camino de las buenas obras (donde descansan de sus fatigas y gozan del fruto de su esperanza).

         Los que corren en alas de la esperanza no se sienten acobardados por las tribulaciones del camino, ni desisten de la búsqueda. Cuando finalmente salen del mar, contemplan y alaban al Señor que los ha salvado de la perdición y de una multitud de dificultades que ellos desconocían.

         Mejor es morir por el Señor que vivir en la ignominia e impotencia. En este sentido, hermano, piensa siempre en lo que sucederá después de la muerte, y nunca en tu alma tendrá cabida la debilidad. Opta por hacer el bien según el Señor, y accederás a él. No te dejes seducir por el doble de corazón, y sigue tu camino confiando en la gracia del Señor. De no hacerlo, te esforzarás en vano.

         Abriga en tu corazón la firme seguridad de que el Señor es misericordioso, y que otorgará su gracia a los que lo buscan. Lo hará, sí, y no en la medida de nuestras obras, sino según la medida de nuestro amor y de nuestra fe, como recuerda la Escritura: "Que se cumpla lo que has creído".

 Act: 10/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A