9 de Agosto

Domingo XIX Ordinario

San Ambrosio de Milán
Comentario del Salmo 43, LXXXIII

Oficio, II

         Miremos hoy si discrepa del evangelio lo que leemos de Jonás que, bajando a lo hondo de la nave, "dormía profundamente". Hagámoslo, pues en este hecho se nos anticipa una figura de la sagrada pasión.

         Así como Jonás dormía en la nave, y roncaba sin miedo a ser sorprendido, así nuestro Señor Jesucristo dio cumplimiento a aquella figura con el sacramento de su muerte, y en tiempos del evangelio durmió en la barca. Así como Jonás estuvo tres días y tres noches seguidas en el vientre del pez, así el Hijo del hombre estuvo tres días y tres noches en el seno de la tierra, en la pasión de su cuerpo.

         Éste es, pues, el verdadero Jonás, que dio su vida para redimirnos. Por esa razón fue cogido en vilo, y arrojado al mar, y fue devorado por el mar, y fue acogido en el vientre del pez. Si quieres saber de qué pez se trata, escucha a Job que dice: "¿Soy yo el monstruo marino o el dragón, para que pongas un guardián?".

         ¿Quién es este pez, por tanto? Lo sabrás cuando leas que nuestro Señor Jesucristo se llevó cautiva a la cautividad, y en ella derrotó el adversario y enemigo universal. Lo sabrás cuando cuando comprendas que la humanidad gemía en la cautividad, y por Cristo consiguió la libertad.

         Además, la misma oración de Jonás nos dice que se trata de los misterios de la pasión del Señor. En efecto, en ella dice: "En el peligro grité al Señor, y me escuchó desde el vientre del abismo". ¿Te has fijado que no dice "desde el vientre del pez", sino "desde el vientre del abismo"? En efecto, el Señor no bajó al vientre del pez, sino al vientre del abismo, para que los que estaban en el abismo fueran liberados de su cadena perpetua.

         Además, ¿quién es el que sacrificó al Señor un sacrificio de alabanza y de aclamación, sino el príncipe de todos los sacerdotes, que por todos nosotros hizo votos al Señor y los cumplió? Sólo él pudo obtener semejante resultado.

         Así como Jonás fue arrojado al mar, y el mar calmó su cólera, así también nuestro Señor Jesucristo vino a este mundo para salvar al mundo, pacificando por su sangre todos los seres, los del cielo y los de la tierra.

         Con su venida, Jesucristo redimió a todos los hombres, y con sus obras (resucitando muertos, sanando enfermos, infundiendo en el corazón del hombre el temor de Dios) los incitó al culto de Dios. Él fue quien, por nosotros, sacrificó al Padre un sacrificio de salvación, y ofreció víctimas dignas de conversión. Él fue el que se durmió y se despertó.

 Act: 09/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A