10 de Agosto

Lunes XIX Ordinario

Libros Proféticos
Jonás 3,1-4,11

Oficio, I

         De nuevo vino la palabra del Señor sobre Jonás, diciéndole: "Levántate y ve a Nínive, la gran capital, y pregona allí el pregón que te diré".

         Se levantó Jonás y fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme, y tres días hacían falta para atravesarla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad, y caminó durante un día pregonando: "Dentro de 40 días Nínive será arrasada".

         Los ninivitas creyeron a Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, dejó el manto, se vistió de sayal, se sentó en tierra y mandó proclamar a Nínive en nombre suyo y del gobierno:

"Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, pasten ni beban. Vístanse de sayal hombres y animales, e invoquen con ahínco a Dios. Conviértase cada cual de su mala vida y de las injusticias cometidas. ¡Quién sabe si Dios se arrepentirá y nos dará respiro, si aplacará el incendio de su ira y no pereceremos!".

         Cuando vio Dios sus obras, y cómo se convertían de su mala vida, se compadeció y se arrepintió de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó. Jonás sintió un disgusto enorme, y estaba irritado.

         Jonás oró al Señor en estos términos: "Señor, ¿no es esto lo que me temía yo? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, y te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida, pues más vale morir que vivir". Respondióle el Señor: "¿Y tienes tú derecho a irritarte?".

         Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al Oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarlo del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino.

         El Señor envió un gusano. Cuando el sol salía al día siguiente, el gusano dañó el ricino, que se secó. Cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso, y el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer.

         Jonás deseó morir, y dijo: "Más vale morir que vivir". Respondió el Señor a Jonás: "¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?". Él contestó: "Con razón siento un disgusto mortal". Respondióle el Señor: "Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de 120.000 hombres que no distinguen la derecha de la izquierda, y en la que hay gran cantidad de ganado?".

 Act: 10/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A