12 de Agosto

Miércoles XIX Ordinario

San Agustín de Hipona
Homilías, XXI, 1-4

Oficio, II

         "El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón". Esto es lo que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige Dios a la mente y a la lengua del cristiano.

         No obstante, "el justo se alegra" no con el mundo, sino "con el Señor". Te preguntarás el porqué de esta alegría. Pues bien, escucha este salmo: "El justo se alegra con el Señor", y: "Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón".

         ¿Qué se nos quiere inculcar el salmo? ¿Qué se nos da? ¿Qué se manda? ¿Qué se nos otorga? Esto mismo: que nos alegremos con el Señor. ¿Quién puede alegrarse con algo que no ve? ¿O es que acaso vemos al Señor? Esto es aún sólo una promesa, porque "mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor" y "caminamos sin verlo, guiados por la fe".

         ¿Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo descrito por Juan, que dice: "Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es".

         Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tengamos por alimento la leche de la esperanza sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, podemos alegrarnos ya con el Señor. La esperanza no poca alegría per se, y además se ha de convertir en posesión.

         Ahora amamos en esperanza, y por eso dice el salmo que "el justo se alegra con el Señor y espera en él". Hermanos, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a Aquel a quien amamos, como una previa gustación de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.

         ¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Ésta misma: que la realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos, así que ámalo y él se te acercará. Ámalo, y él habitará en ti. "El Señor está cerca", dice el salmo. ¿Quieres saber en qué medida está en ti, si lo amas? En ésta misma: en que "Dios es amor".

         Me dirás: ¿Qué es el amor? Y yo te respondo: El amor es el hecho mismo de amar. ¿Y qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera del pecado, todo lo demás lo has recibido de él.

 Act: 12/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A