7 de Agosto

Viernes XVIII Ordinario

Libros Proféticos
Malaquías 1,1-14; 2,13-16

Oficio, I

         Yo os amo, y vosotros objetáis: "¿En qué se nota que nos amas?". A ver, ¿no eran hermanos Jacob y Esaú? Sin embargo, amé a Jacob y odié a Esaú, al que reduje a un desierto y a la estepa.

         Edom dice: "Aunque estemos deshechos, reconstruiremos nuestras ruinas". Bien, vosotros las reconstruiréis, y yo las volveré a derribar, y la llamarán Tierra Malvada y a vosotros Pueblo de la Ira Perpetua. Cuando lo veáis con vuestros ojos, diréis: "La grandeza del Señor desborda las fronteras de Israel".

         Yo honré el hijo a su padre, y el esclavo a su amo. Si soy padre, ¿dónde queda mi honor?; si soy dueño, ¿dónde queda mi respeto?

         Yo os hablo a vosotros, sacerdotes que menospreciáis mi nombre, y vosotros objetáis: "¿En qué despreciamos tu nombre?". En esto mismo: en que traéis al altar pan manchado. ¿Con qué mancha? Con éstas mismas: las víctimas ciegas, cojas y enfermas, que decís que no es malo. Ofrecédselas a vuestro gobernador, a ver si le agradan y os congraciáis con él. Eso traéis, y ¿os vais a congraciar conmigo?

         Aplacadme, para que os sea propicio. ¿Quién de vosotros os cerrará las puertas para que no podáis encender mi altar? Vosotros, en cambio, no me agradáis, ni yo me complazco en la ofrenda de vuestras manos.

         Del Oriente al Poniente es grande entre las naciones mi nombre, y en todo lugar se ofrece incienso y sacrificio a mi nombre. Se ofrecen ofrendas puras, porque es grande mi nombre entre las naciones. Vosotros, en cambio, lo habéis blasfemado, y decís: "Comida vil, para la mesa del Señor". Además, decís "vaya un trabajo", y me despreciáis.

         Cuando ofrecéis víctimas robadas, cojas o enfermas, ¿podrá agradarme la ofrenda de vuestras manos? Maldito el embustero que tiene un macho en su rebaño, ofrecido en voto, y trae al Señor una víctima mediocre. Yo soy el gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones.

         Todavía hacéis otra cosa: cubrir de lágrimas el altar del Señor, de llanto y de gemidos. Hacedlo, mas yo no miraré vuestra ofrenda, ni la aceptaré de vuestras manos. ¿Y por qué no lo hago? Porque yo fui testigo de vuestro pleito con la mujer de vuestra juventud, a quien fuisteis infieles, aunque ella era vuestra compañera y esposa de la alianza. Uno solo la ha hecho, de carne y de espíritu; y ¿qué busca ese uno? Descendencia divina.

         Custodiad vuestro espíritu, y no seáis infieles a la esposa de vuestra juventud. El que odiando rechaza, mancha su ropaje con violencias. Custodiad vuestro espíritu y no seáis infieles.

 Act: 07/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A