26 de Julio
Domingo XVII Ordinario
San Agustín de Hipona
Confesiones, I, I,1-II,5
Oficio, II
El hombre, parte de tu creación, desea alabarte, Señor. Sí, lo desea ese hombre que arrastra consigo su condición mortal, la convicción de su pecado y la convicción de que tú resistes a los soberbios. El hombre, parte de tu creación, desea alabarte, porque nos has hecho para ti, y nuestro corazón no halla sosiego hasta que descansa en ti. De ti proviene esta atracción a tu alabanza.
Haz, Señor, que llegue a saber y entender qué es primero (si invocarte o alabarte) y qué es antes (conocerte o invocarte), pues ¿quién podrá invocarte sin conocerte? Es más, el que te desconoce se expone a invocar una cosa por otra. ¿Será más bien que hay que invocarte para conocerte? Puede, más "¿cómo van a invocar a aquel en quien no han creído?", o "¿cómo van a creer sin alguien que proclame?".
"Alabarán al Señor los que lo buscan". En efecto, los que lo buscan lo encuentran, y al encontrarlo lo alaban. Haz, Señor, que te busque invocándote, y que te invoque creyendo en ti, ya que nos has sido predicado. Te invoca, Señor, mi fe, la que tú me has dado, la que tú me has inspirado por tu Hijo hecho hombre y por el ministerio de tu predicador.
¿Cómo invocaré a Dios, a mi Dios y Señor? Así mismo: lo llamaré, para que venga a mí. Y ¿a qué lugar de mi persona puede venir Dios, si él ha hecho el cielo y la tierra? ¿Es que hay algo en mí capaz de abarcarle? ¿Es que pueden abarcarle el cielo y la tierra? ¿Es que lo que no existía sin él puede abarcarle?
¿Cómo yo pido que vengas a mí, Señor, si tú ya estás en mí? Aunque vaya al abismo, allí estás tú, y "si me acuesto en el abismo, allí te encuentro". Por tanto, Dios mío, yo no existiría si tú no estuvieras en mí, ni existiría si no estuviera en ti, "origen, guía y meta del universo".
¿Desde dónde puedes venir a mí, Señor? ¿A dónde puedo ir yo, para que tú vengas a mí? ¿No eres tú el que "llena el cielo y la tierra"? ¿Dónde será posible descansar en ti? ¿Acaso no será en mi corazón, en un corazón embriagado por ti? Sé condescendiente conmigo, Señor, y permíteme habitarte.
¿Qué soy yo para ti, que me mandas amarte y, si no lo hago, me amenazas? ¿No es ya suficiente infortunio el hecho de no amarte? ¡Ay de mí! Señor, Dios mío, di a mi alma: Yo soy tu victoria. Díselo de manera que lo oiga. Yo correré tras estas palabras tuyas y me aferraré a ti. Muera yo, para que no muera y así pueda contemplarte.
Act:
26/07/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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