19 de Julio

Domingo XVI Ordinario

San Gregorio Magno
Tratados Morales, X, 7-8.10

Oficio, II

         La ley de Dios es la ley de la caridad, y desde ella hemos de leer cuáles son los preceptos de vida que hemos de practicar. Acerca de esta ley, dice Aquel que es la misma verdad: "Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros".

         Acerca de esta ley dice San Pablo: "Amar es cumplir la ley entera", y: "Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros, que con eso cumpliréis la ley de Cristo". Lo que mejor define la ley de Cristo es la caridad, y esta caridad la practicamos cuando toleramos por amor las cargas de los hermanos.

         Esta ley abarca muchos aspectos, porque la caridad celosa y solícita incluye los actos de todas las virtudes. Lo que empieza por sólo dos preceptos se extiende a innumerables facetas.

         Esta multiplicidad de aspectos de la ley es enumerada adecuadamente por Pablo, cuando dice: "El amor es paciente y afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es ambicioso ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia y goza con la verdad". El amor es paciente, porque tolera con ecuanimidad los males que se le infligen. Es afable porque devuelve generosamente bien por mal.

         "No tiene envidia" porque no desea nada de este mundo, e ignora lo que es la envidia por los éxitos terrenos. "No presume" porque desea ansiosamente el premio de la retribución espiritual, y por eso no se vanagloría de los bienes exteriores. "No se engríe" porque tiene por único objetivo el amor a Dios y al prójimo, y por esto ignora todo lo que se aparta de ese camino.

         "No es ambicioso" porque, dedicado con ardor a su provecho interior, no siente deseo alguno de las cosas ajenas y exteriores. "No es egoísta" porque considera ajenas y transitorias todas las cosas que posee, y sólo reconoce como propio aquello que ha de perdurar junto con él.

         "No se irrita" porque, aunque sufra injurias, espera un premio muy superior a sus sufrimientos. "No lleva cuentas del mal" porque, afincada su mente en el amor de la pureza, y arrancando de raíz toda clase de odio, está libre de toda maquinación malsana.

         "No se alegra de la injusticia" porque anhela únicamente el amor para con todos, y no celebra la perdición de sus contrarios. "Goza con la verdad" porque, al observar en los otros la rectitud, se alegra como si se tratara de su propio provecho. Vemos, pues, cómo esta ley de Dios abarca muchos aspectos.

 Act: 19/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A