12 de Julio

Domingo XV Ordinario

San Juan Crisóstomo
Homilías de Mateo, LI, 62-63

Oficio, II

         Cuando oímos que Job perdió toda su fortuna, y sufrió la muerte de sus rebaños, y perdió a todos sus hijos en la flor de la edad, nos viene a la mente su fuerte estado de ánimo, y con esto fácilmente podemos consolarnos.

         Oh hombre que me escuchas, tú pudiste asistir a tu hijo enfermo, y le viste postrado en el lecho, y escuchaste sus últimas palabras, y estuviste presente cuando exhaló su último aliento, y le cerraste los ojos y la boca. En cambio, Job no estuvo presente cuando sus hijos exhalaron el postrero aliento, ni los vio cuando expiraban.

         Cuando todos ellos fueron sepultados en una sola tumba, entre las paredes de su propia casa, Job no lloró ni se impacientó, a pesar de tan graves calamidades. ¿Qué es lo que hizo? Esto mismo: repetir "el Señor me lo quitó" y "bendito sea el nombre del Señor".

         Esto mismo hemos de repetir nosotros en cualquier contratiempo que nos sobreviniere, tanto si se trata de un quebranto en la fortuna, o de una enfermedad corporal, o de un ultraje calumnioso o de cualquier desgracia humana. Cuando esto sucediere, repitamos: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor". Dichas palabras nos acarrearán más ganancias que pérdidas, más bienes que males, pues Dios se nos mostrará propicio y destruirá la tiranía del enemigo.

         En efecto, apenas la lengua haya pronunciado tales palabras, inmediatamente el diablo se batirá en retirada, y al retirarse él se disiparán las nubes de la tristeza, y al punto se pondrán en fuga los pensamientos que nos afligen. De esta forma, además de los bienes de esta vida, conseguiremos todos los que nos están reservados en el cielo.

         Tenemos de ello un ciertísimo ejemplo en Job y en los apóstoles, que despreciaron por Dios los males de este mundo y consiguieron los bienes eternos. Sigamos, pues, su ejemplo, y en todas las cosas que nos acaecieren demos gracias al buen Dios, de modo que vivamos sin percances la presente vida y disfrutemos de los bienes futuros, por la gracia y la bondad de nuestro Señor Jesucristo.

 Act: 12/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A