12 de Julio

Domingo XV Ordinario

Libros Sapienciales
Job 1, 1-22

Oficio, I

         Había una vez en la tierra de Hus un hombre que se llamaba Job. Era un hombre justo y honrado, que temía a Dios y se apartaba del mal. Tenía 7 hijos y 3 hijas, 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 burras y una servidumbre numerosa. Era el más rico entre los hombres de Oriente.

         Sus hijos solían celebrar banquetes, cada día en casa de cada uno de ellos, e invitaban a sus hermanas a comer con ellos. Terminados esos días de fiesta, Job los hacía venir para purificarlos, y ofrecía un holocausto por cada uno, por si habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Esto lo solía hacer Job cada vez que se reunían.

         Cierto día, los ángeles se presentaron al Señor, y entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó: "¿De dónde vienes?". Él respondió: "De dar vueltas por la tierra". El Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él. Es un hombre justo y honrado, que me teme y se aparta del mal".

         Satanás le respondió: "¿Y crees que te teme de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Con todo, extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara". El Señor le dijo: "Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques". Y Satanás se marchó.

         Cierto día que los hijos e hijas de Job comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: "Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos que apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo".

         No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: "Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo". No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: "Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo". No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: "Un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo".

         Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor". A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

 Act: 12/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A