17 de Julio

Viernes XV Ordinario

Orígenes
Comentario de Mateo, XI, 6

Oficio, II

         Si en alguna ocasión llegáramos a caer en el escollo de las tentaciones, acordémonos de que Jesús nos apremió a subir a la barca de la prueba, queriendo que le adelantáramos a la otra orilla. En efecto, es imposible que quienes no hubieren soportado las tentaciones de las olas y del viento contrario, lleguen a la otra orilla.

         Nuestra barca se encuentra en mar abierto, sacudida por unas olas que quieren vernos naufragar en la fe y en la virtud. En esta situación, el espíritu del mal arremete contra nosotros, y vuelve el viento contrario.

         Si soportamos el viento contrario durante las tres vigilias de la noche (esto es, de las tinieblas que acompañan a la tentación), luchando denodadamente para escapar al naufragio de la fe, entonces se acercará a nosotros el Hijo de Dios. Se acercará "al filo de la cuarta vigilia", cuando "la noche está avanzada y el día se echa encima", y calmará nuestro agitado mar caminando sobre él.

         Cuando viéramos aparecérsenos el Verbo, quizás nos asustemos, antes de caer en la cuenta que estamos en presencia del Salvador. Pensaremos que es un fantasma, y gritaremos muertos de miedo, pero él nos dirá en seguida: "Animo, soy yo, no tengáis miedo".

         Quizás nos pase como a Pedro, ese Pedro todavía en camino de perfección, ese Pedro que bajó de la barca para huir de la tentación que lo acosaba, ese Pedro que quiso acercarse a Jesús a través de las aguas turbulentas. Siendo todavía muy insuficiente su fe, Pedro enseguida dudó, y sufrió la fuerza del viento contrario, y entró en pánico y empezó a hundirse. Providencialmente no se hundió, porque a gritos se dirigió a Jesús suplicándole: "Señor, sálvame".

         Inmediatamente, también a este Pedro el Verbo le tendió la mano, agarrándolo en el preciso momento en que comenzaba a hundirse. Eso sí, le echó en cara su poca fe y que hubiese dudado. Con todo, observad cómo no le llamó incrédulo, sino "hombre de poca fe". Y observad cómo añadió "¿por qué has dudado?", como uno que no se comporta de modo contrario.

         Momentos después, tanto Jesús como Pedro subieron a la barca y "amainó el viento". Los de la barca, dándose cuenta de qué peligros habían sido salvados, lo adoraron diciendo: "Realmente eres Hijo de Dios".

 Act: 17/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A