7 de Septiembre

Lunes XXIII Ordinario

San Pedro
Carta II de Pedro 1, 12-21

Oficio, I

         Queridos hermanos, nunca dejaré de recordaros estas cosas, aunque ya las sabéis y seguís firmes en la verdad que llegó hasta vosotros. Mientras habito en esta tienda de campaña, creo deber mío refrescaros la memoria, sabiendo que pronto voy a dejarla, como me lo comunicó nuestro Señor Jesucristo. Pondré empeño en que, incluso después de mi muerte, y siempre que haga falta, tengáis la posibilidad de acordaros de esto.

         Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la sublime gloria le trajo aquella voz: "Este es mi Hijo amado, mi predilecto". Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada.

         Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales, y ninguna predicción antigua aconteció por designio humano. Hombres como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.

 Act: 07/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A