7 de Septiembre

Lunes XXIII Ordinario

San Agustín de Hipona
Sobre el evangelio de Juan, XXXV, 8-9

Oficio, II

         Los cristianos, en comparación con los infieles, somos luz, como dice el apóstol: "En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor", y: "Caminad como hijos de la luz", y: "Pertrechémonos con las armas de la luz".

         El día en que vivimos es todavía noche, en comparación con aquella luz a la que esperamos llegar. A este respecto, nos dice el apóstol Pedro que vino sobre Cristo, desde la sublime gloria, aquella voz que decía: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto".

         Esta voz traída del cielo, dice Pedro, "la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada", y: "Haréis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones".

         Dice el apóstol Pablo que "él iluminará lo que esconden las tinieblas, y pondrá al descubierto los designios del corazón, y cada uno recibirá la alabanza de Dios". Cuando llegue ese día, ya no necesitaremos lámparas, ni libros proféticos, ni los escritos del apóstol, ni que indagar el testimonio de Juan, y hasta el mismo evangelio dejará de sernos necesario. Ya no tendrán razón de ser las Escrituras, porque su función de iluminar esta noche del mundo habrá pasado.

         Suprimido todo esto, ¿qué es lo que veremos? ¿Con qué se alimentará nuestro espíritu? ¿De qué se alegrará nuestra mirada? ¿De dónde procederá aquel gozo que "ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar"? ¿Qué es lo que veremos? Esto mismo: la Palabra, esa misma que "en el principio ya existía, y estaba junto a Dios, y era Dios".

         Entonces llegaremos a la fuente de agua con que fuimos rociados, y veremos la luz cuyos rayos fueron enviados a las tinieblas de nuestro corazón. Queridos, dice el mismo Juan que "ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es".

         Noto cómo vuestros sentimientos se elevan junto con los míos hacia las cosas celestiales; pero "el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita". Así pues, que cada uno vuelva a sus ocupaciones. Hemos pasado un buen rato disfrutando de una luz, y nos hemos llenado de gozo y alegría, así que procuremos no separarnos de él.

 Act: 07/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A