9 de Septiembre

Miércoles XXIII Ordinario

San Pedro
Carta II de Pedro 2, 9-22

Oficio, I

         Queridos hermanos, a los piadosos sabe el Señor sacar de la prueba, mientras que a los malvados sabe irlos castigando, guardándolos para el día del juicio. Sobre todo a los que se van tras los deseos infectos de la carne y menosprecian toda autoridad.

         Temerarios y suficientes, los malvados maldicen sin temblar a seres gloriosos. Son como animales, nacidos y destinados a que los cacen y los maten, por maldecir lo que no conocen. Se corrompen con su misma corrupción, cobrando daño por daño. Su idea del placer es la francachela en pleno día.

         ¡Qué asco y qué vergüenza cuando los malvados banquetean, regodeándose en sus placeres! Se comen con los ojos a las mujerzuelas, y con ellas no se hartan de pecar. Engatusan a la gente insegura, se saben todas las mañas de la codicia y están destinados a la maldición.

         Los malvados se han extraviado, dejando el camino recto y metiéndose por la senda de Balaam de Bosor. Éste se dejó sobornar por la injusticia, hasta que tuvo quien le echase en cara su delito: una burra muda, hablando con voz humana y deteniendo con ello el desatino del profeta.

         Los malvados son fuentes agotadas y brumas arrastradas por la tormenta, y lóbregas tinieblas los aguardan. Vocean pomposas vaciedades, atizan los deseos de la carne y del desenfreno, engatusan a los que apenas empiezan a apartarse del extravío. Prometen libertad, mientras ellos son esclavos de la corrupción.

         Después de haber escapado de los miasmas del mundo, gracias a nuestro Señor Jesucristo, los malvados se dejan otra vez enredar, y el final les resulta peor que el principio. ¡Más les habría valido no conocer el camino de la justicia! A ellos les ha sucedido lo de aquel proverbio tan acertado: "El perro vuelve a su propio vómito", y: "La cerda lavada se revuelca en el fango".

 Act: 09/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A