9 de Septiembre
Miércoles XXIII Ordinario
San Gregorio de Nisa
Homilías sobre la Pobreza, I
Oficio, II
Hermanos, no despreciéis a los pobres y miserables, como si su aprecio no tuviese ningún valor. Considerad quiénes son y reconoced su dignidad, pues son la presencialización del Salvador.
Cristo, en su bondad, ha transferido a los pobres su propia persona, a semejanza de los soldados que, frente al enemigo que ataca, blanden las insignias reales y la efigie del soberano, a fin de que se refrene el ímpetu de los asaltantes. Sí, hermanos, Cristo puede doblegar y apiadar, gracias a la representación de los pobres, a cuantos ignoran la compasión.
Los pobres son los administradores de los bienes que nosotros esperamos alcanzar. Son los porteros del reino de los cielos, que abren las puertas a los buenos y compasivos, y la cierran a los malos e inhumanos. Son los severos fiscales y unos magníficos abogados, que acusan o defienden con su sola presencia y hacen comparecer ante el Juez.
Los pobres gritan lo que se ha hecho y lo proclaman con mayor claridad, exactitud y eficacia que cualquier pregonero, en presencia del Juez. Por causa de ellos se vuelve tremendo aquel juicio, del que a menudo habéis oído hablar.
En aquel juicio veo venir del cielo al Hijo del hombre, escoltado por miríadas de ángeles. Veo a continuación el trono de la gloria, erigido en un lugar excelso, y en él sentado al Rey. Veo entonces a todas las familias humanas, que pasaron por esta vida, alineadas ante el tribunal y divididas en dos grupos.
Oigo que a los situados a la derecha se les llama corderos, y a los situados a la izquierda se los denomina cabritos, nombres que responden a la categoría moral de cada grupo. Oigo al Rey que los interroga y anota sus justificaciones. Oigo lo que ellos responden al Rey, y advierto que cada uno es adornado según sus méritos.
A los que fueron buenos y compasivos, y llevaron una vida intachable, se les premia con el descanso eterno en el reino de los cielos. En cambio, a los inhumanos y malvados se les condena al suplicio del fuego eterno. Como sabéis, todas estas cosas se explican en el evangelio, con toda diligencia.
En la benevolencia va facturada la vida. Ella es la madre de los pobres, la maestra de los ricos, la nodriza de sus pupilos, la protectora de los ancianos, la despensa de los necesitados, el puerto de los miserables, la que cuida de todas las edades, la que atiende en todas las calamidades.
Act:
09/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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