12 de Septiembre

Sábado XXIII Ordinario

San Judas
Carta de Judas 1-8.12-13.17-25

Oficio, I

         Judas, siervo de Jesucristo, a los llamados que Dios ama y Jesucristo custodia, con vosotros esté la misericordia, paz y amor. Queridos hermanos, pongo siempre mucho empeño en escribiros acerca de nuestra salvación, y me veo obligado a mandaros esta carta para animaros a combatir por esa fe que se transmitió a los santos de una vez para siempre.

         La razón de escribiros es que han infiltrado ciertos individuos que incurren en la condenación anunciada por la Escritura. Se trata de impíos que han convertido en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y rechazan a nuestro único Soberano y Señor Jesucristo. Esto lo sabéis de sobra, pero quiero traéroslo a la memoria.

         El Señor, después de haber sacado al pueblo de Egipto, exterminó más tarde a los que no creyeron. Es más, a los ángeles que no se mantuvieron en su rango, y abandonaron su propia morada, los tiene guardados para el juicio del gran día, atados en las tinieblas con cadenas perpetuas. También Sodoma y Gomorra, con las ciudades circunvecinas, por haberse entregado a la inmoralidad, y practicar vicios contra naturaleza, fueron incendiadas en castigo perpetuo.

         Lo mismo sucederá con los impíos de hoy en día, cuyos desvaríos les lleva a contaminar la carne, a rechazar todo señorío, a maldecir a seres gloriosos. Éstos son los que en vuestras comidas fraternas (¡qué vergüenza!) banquetean sin recato, echándose pienso. Éstos serán arrancados de cuajo, y morirán por segunda vez, coronados por la espuma de sus propias desvergüenzas. Para estas estrellas fugaces está reservada la lobreguez de las eternas tinieblas.

         Queridos hermanos, acordaos de lo que predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos decían que en el tiempo final habrá quienes se rían de todo, y procedan como les dictan sus deseos impíos. Son éstos los que se constituyen en casta, siendo hombres de instintos y sin espíritu.

         Queridos hermanos, iros asentando sobre el cimiento de vuestra fe, orad movidos por el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardad que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os dé la vida eterna. ¿Titubean algunos? Tened compasión de ellos. A unos, salvadlos, arrancándolos del fuego. A otros, mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo todo vestido que esté manchado por la carne.

         Al único Dios, nuestro salvador, que puede preservaros de tropiezos, y presentaros ante su gloria exultantes y sin mancha, gloria y majestad, dominio y poderío, por Jesucristo, nuestro Señor, desde siempre y ahora y por todos los siglos.

 Act: 12/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A