12 de Septiembre

Sábado XXIII Ordinario

San Agustín de Hipona
Homilías, CCLVI, 1-3

Oficio, II

         Hermanos, cantemos el Aleluya en medio de nuestras dificultades actuales, para que podamos después cantarlo más allá, estando ya seguros. ¿Por qué actuales? Porque "el hombre está en la tierra cumpliendo un servicio". ¿Por qué dificultades? Porque hay que "velar y orar, para no caer en la tentación".

         ¿Vamos a negar estas dificultades actuales, cuando es tan frecuente la tentación que, el mismo Señor, nos manda pedir "perdona nuestros pecados"? Cada día hemos de pedir perdón, porque cada día hemos ofendido. ¿Pretenderéis, por tanto, que ya estemos seguros, si cada día hemos de pedir perdón por los pecados, y ayuda para los peligros?

         En atención a los pecados pasados decimos "perdona nuestros pecados", y en atención a los peligros futuros decimos "no nos dejes caer en la tentación", por ese mismo orden. Es más, ¿cómo podemos estar ya seguros en el bien, si todos juntos pedimos "líbranos del mal"?

         Aun aquí, rodeados de peligros y de tentaciones, no dejemos de cantar el Aleluya. Fiel es Dios, dice el apóstol, y "no permitirá que la prueba supere nuestras fuerzas". Por eso, cantemos el Aleluya. No obstante, no dice Pablo que Dios "no permitirá que seáis probados", sino "que la prueba supere vuestras fuerzas".

         ¿Has entrado en tentación? Pues bien, Dios hará que salgas de ella indemne. Así pues, cuando entres en la tentación, confía que saldrás de ella, porque fiel es Dios y "él guarda tus entradas y salidas".

         Cuando este cuerpo sea hecho inmortal e incorruptible, entonces cesará toda tentación. ¿Por qué? Porque este cuerpo estará ya muerto. ¿Por qué está muerto? Por el pecado. Alguno dirá: Pero "el espíritu vive". Y yo le respondo: Sí, por la justificación obtenida.

         En definitiva, ¿quedará el cuerpo definitivamente muerto? No, pues "si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales". Ahora tenemos un cuerpo meramente natural, y más allá lo tendremos espiritual.

         ¡Feliz el Aleluya que allí entonamos! Es un Aleluya seguro y sin temor, porque allí no habrá ningún enemigo, ni se perderá ningún amigo. Allí, como ahora aquí, resonarán las alabanzas divinas. Las de aquí proceden de las dificultades, las de allá se entonarán en plena seguridad. Aquí las proclaman quienes van a morir, y allí los que ya poseen la vida eterna. El Aleluya de aquí se canta todavía en camino, y el de allá cuando se ha llegado a la patria final.

         Hermanos míos, cantemos ya mismo el Aleluya, para alivio de nuestro trabajo. Como suelen decir los caminantes, "canta, pero camina". Consolémonos en el trabajo cantando, adelantemos pero para el bien.

 Act: 12/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A