11 de Septiembre

Viernes XXIII Ordinario

San Beda el Venerable
Homilías, I, 24

Oficio, II

         Habiendo dispuesto nuestro Señor que sus elegidos entrasen, a través de los trabajos de la presente vida, en aquella vida de futura felicidad, describe en su evangelio unas veces los sudores de los combates temporales y otras las palmas de los premios eternos.

         Con ello, lo que quiso el Señor es que los discípulos, al oír lo inevitable de la lucha, cayeran en la cuenta de que en esta vida no deben aspirar al descanso, y que la dulzura de la futura retribución haga más llevaderos los males transitorios, que en su día serán remunerados con bienes eternos.

         "El Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta". Este texto designa el día del juicio final, cuando él vendrá con gran poder y gloria a juzgar al mundo.

         Aquel día, el rigor del juez exigirá la perfección de las obras de aquellos a quienes, con largueza misericordiosa, había previamente distribuido la gracia de sus dones. Aquel día, él pagará a cada uno según su conducta, conducirá a sus elegidos al reino del Padre, arrojará a los réprobos al fuego eterno junto al diablo.

         Realmente, el Hijo del hombre "vendrá con la gloria del Padre", porque en su divinidad posee una misma gloria con el Padre, con todo el rigor de la expresión. Esto llena de alegría a los justos y de terror a los contumaces, porque él "pagará a cada uno según su conducta".

         Los que obran el bien, y por ello son afligidos por la inicua opresión de los malvados, recibirán del justo Juez la recompensa debida a su justicia y a su paciencia. Los que viven licenciosamente, y tachan de negligencia la paciencia del Juez, y se arrepienten demasiado tarde, serán fulminados por la justa sentencia de eterna condenación.

         Sintoniza con esta evangélica sentencia lo que dice el salmista: "Voy a cantar la bondad y la justicia, Señor". Dice que va a cantar primero la misericordia, y luego la justicia, y con razón. En efecto, en su primera venida el Señor amablemente nos confió un depósito, y en la segunda nos lo exigirá con todo rigor.

         De aquí viene que el perverso sienta un pánico terrorífico ante el estricto juicio del Señor, y que el piadoso espere alegre la decisión del Juez, y espontáneamente entone un canto pregonando su bondad y su justicia.

         El día del juicio final es un misterio para todos, y la hora de la muerte es incierta para cada cual. Por eso, la presente aflicción podría parecer demasiado larga para muchos, y por eso quiso el piadoso Maestro manifestar anticipadamente los goces de la eterna promesa, para poder sobrellevar más fácilmente las actuales adversidades.

 Act: 11/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A