4 de Septiembre
Jueves XXII Ordinario
Anónimo del s. I
Carta de Bernabé 19, 1-3.5-12
Oficio, II
He aquí el camino de la luz. El que quiera llegar al lugar designado, que se esfuerce en conseguirlo con sus obras. Este es el conocimiento que se nos ha dado sobre la forma de caminar por el camino de la luz. Ama a quien te ha creado, teme a quien te formó, glorifica a quien te redimió de la muerte.
Sé sencillo de corazón y rico de espíritu, y no sigas a los que caminan por el camino de la muerte. Odia todo lo que desagrada a Dios y toda hipocresía, y no abandones los preceptos del Señor. No te enorgullezcas, sino sé humilde en todas las cosas, sin glorificarte a ti mismo.
No concibas malos propósitos contra tu prójimo, y no permitas que la insolencia domine tu alma. Ama a tu prójimo más que a tu vida. No mates al hijo en el seno de la madre, y tampoco lo mates una vez que ha nacido. No abandones el cuidado de tu hijo o de tu hija, sino enséñales desde su infancia el temor de Dios. No envidies los bienes de tu prójimo, ni seas avaricioso. No frecuentes a los orgullosos, sino a los humildes y a los justos.
Todo lo que te suceda, lo aceptarás como un bien, sabiendo que nada sucede sin el permiso de Dios. Ni en tus palabras ni en tus intenciones ha de haber doblez, pues la doblez de palabra es un lazo de muerte. Comunica todos tus bienes con tu prójimo y no digas que algo te es propio, pues si eres partícipe en los bienes incorruptibles, ¿cuánto más lo debes ser en los corruptibles?
No seas precipitado en el hablar, pues la lengua es una trampa mortal. Por el bien de tu alma, sé casto en el grado que te sea posible. No tengas las manos abiertas para recibir y cerradas para dar. Ama, como a la niña de tus ojos, todo el que te comunique la palabra del Señor.
Piensa día y noche en el día del juicio, y busca siempre la compañía de los santos, tanto si ejerces el ministerio de la palabra (portando la exhortación, o meditando de qué manera puedes salvar un alma) como si trabajas con tus manos para redimir tus pecados.
No seas remiso en dar, ni murmures cuando das, y un día sabrás quién sabe recompensar dignamente. Guarda lo que recibiste, sin quitar ni añadir nada. El malo ha de serte siempre odioso. Juzga con justicia y no seas causa de división, sino procura la paz, reconciliando a los adversarios. Confiesa tus pecados. No te acerques a la oración con una mala conciencia. Este es el camino de la luz.
Act:
04/09/25
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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