2 de Septiembre
Miércoles XXII Ordinario
San Ignacio de Antioquía
Carta a los
Efesios, X-XII
Oficio, II
Hermanos, sed constantes en orar por los demás. Efectivamente, en ellos hay perspectiva de conversión, y de que lleguen a la participación de Dios. Permitidles que aprendan de vosotros, al menos por el testimonio de las obras.
Responded a sus arrebatos con vuestra mansedumbre, a sus arrogancias con vuestra humildad, a sus blasfemias con vuestras oraciones, a sus errores con vuestra firmeza en la fe, a sus brusquedades con vuestra dulzura, sin tratar de pagarles con la misma moneda. Que nos consideren como hermanos suyos por nuestra amabilidad.
En cuanto a imitar, tratemos de ser únicamente imitadores del Señor, para que ninguna hierba del diablo se infiltre entre vosotros. Por ello, permaneced en toda pureza y templanza en Jesucristo, tanto corporal como espiritualmente.
Es la etapa final. Así pues, que la increíble paciencia de Dios nos haga enrojecer, y temer la condenación. Temamos el castigo inminente, pero mucho más amemos la gracia presente. Lo que importa es ser hallados en Cristo Jesús, para entrar en la verdadera vida. Fuera de Cristo, nada ha de importarnos.
Por Cristo poseo yo estas mis cadenas, verdaderas perlas espirituales. Con ellas quisiera yo resucitar y, gracias a vuestra oración (de la que siempre desearía participar), ser hallado en la herencia de los cristianos de Efeso, que en todo momento estuvieron en sintonía con los apóstoles por la fuerza de Jesucristo.
Sé quién soy y a quiénes escribo. Yo soy un condenado, y vosotros habéis alcanzado misericordia. Yo estoy expuesto al peligro, y vosotros estación de paso para los que son arrebatados a Dios. Vosotros fuisteis iniciados en los misterios por Pablo, y ¡ojalá me encuentre yo también sobre sus huellas, cuando consiga a Dios!
Act:
02/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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