4 de Septiembre

Viernes XXII Ordinario

San Pablo
Carta II a Timoteo 2,22-3,17

Oficio, I

         Querido hijo, niégate a las discusiones estúpidas y superficiales, sabiendo que siempre acaban en peleas. Uno que sirve al Señor debe ser amable con todos, hábil para enseñar, sacrificado y suave para corregir. De esta manera, los contradictores podrán recapacitar, enmendarse, comprender la verdad y reconocer que el lazo del diablo los tenía cogidos y sumisos a su voluntad.

         Ten presente que la gente será egoísta e interesada, y la mayoría de las personas serán arrogantes, soberbias, difamadoras, desobedientes, ingratas, impías, implacables, calumniadoras, descontroladas, inhumanas, traidoras, temerarias, presuntuosas, enemigas de todo lo bueno, amigas del placer y no de Dios. Tendrán semblante de piedad, pero serán la negación de su esencia.

         A esta clase de personas pertenecen los que se cuelan por las casas y cautivan a mujerzuelas cargadas de pecados, zarandeadas por múltiples caprichos. También pertenecen los que siempre están aprendiendo y nunca son capaces de llegar a la verdad. Yanés y Yambrés, por ejemplo, se opusieron a Moisés; exactamente lo mismo que se oponen éstos a la verdad. Se trata de mentes degeneradas, incapacitadas para la fe.

         Tú, en cambio, seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, mi fe, mi paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos, como aquellos que nos ocurrieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones padecimos! Sin embargo, de todas ellas nos libró el Señor.

         En efecto, todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido. Por su parte, esos perversos embaucadores irán de mal en peor, extraviando a los demás y extraviándose ellos mismos.

         Querido hijo, permanece en lo que has aprendido y en lo que se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que, desde niño, conoces la Sagrada Escritura. Ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. Toda escritura inspirada por Dios es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud. Con ella, el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

 Act: 04/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A