13 de Septiembre
Domingo XXIV Ordinario
San Agustín de Hipona
Homilías, LXXXIII, 2-4
Introducción
El Señor nos propuso esta parábola para nuestra instrucción, y al advertirnos con ella demostró no querer nuestra perdición. Escuchémosle: "Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".
Ya veis, hermanos, que la cosa está clara y la advertencia es útil. Prestémosle, pues, una obediencia saludable, de suerte que se cumpla lo mandado. Porque todo hombre está en deuda con Dios, y es también acreedor de su hermano.
En efecto, ¿quién no está en deuda con Dios, o quién puede hallarse sin pecado? ¿Y quién es el que no tiene a su hermano por acreedor, o a nadie ha ofendido? ¿O es que hay alguien que no esté personalmente implicado en algún pecado contra su hermano?
Por tanto, todo hombre es un deudor, y a su vez tiene acreedores. Por eso, Dios te ha dado para con tu deudor una regla, que él mismo observará contigo.
Dos son, en efecto, las obras de misericordia que nos liberan, y que el mismo Señor ha brevemente expuesto en el evangelio: "perdonad y seréis perdonados", y "dad y se os dará". La primera se refiere al perdón, y la segunda a la prestación de un servicio.
Dos ejemplos. Referente al perdón, tú quieres ser perdonado cuando pecas, y tienes a tu vez otro al que tú puedes perdonar. Referente a la prestación de un servicio, a ti te pide un mendigo, y tú eres el mendigo de Dios.
En efecto, cuando oramos, todos somos mendigos de Dios, y estamos a la puerta de un gran propietario. Más aún, nos postramos ante él, y suplicamos entre sollozos deseando recibir algo. ¿Qué te pide el mendigo? Pan. Y tú, ¿qué es lo que pides a Dios? El perdón. Luego dad y seréis perdonados, perdonad y se os dará.
Si consideramos nuestros pecados, y contabilizamos los cometidos por obra, de oídas, de pensamiento y mediante innumerables movimientos desordenados, me parece que nos acostaremos sin una blanca. Por eso, a diario pedimos en la oración a Dios que nos oiga, y a diario nos postramos y le decimos: "Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".
¿Qué deudas pedimos que nos perdone? Responderás: Todas. Pues bien, haz tú lo mismo con tu acreedor. Tú mismo te fijas esta norma, tú mismo pones esta condición. Y a este pacto y compromiso te remites cuando oras y dices: "Perdónanos, como nosotros perdonamos a nuestros deudores".
Act:
13/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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