16 de Septiembre
Miércoles XXIV Ordinario
Libros HistóricosOficio, I
En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor. Se despojó de sus ropas lujosas y se vistió de luto. En vez de perfumes refinados, se cubrió la cabeza de ceniza y basura, y se desfiguró por completo, cubriendo con sus cabellos revueltos aquel cuerpo que antes se complacía en adornar. A continuación, rezó así al Señor, Dios de Israel:
"Señor mío y único rey nuestro, protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti. Yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia, Señor, oí en el seno de mi familia cómo tú escogiste a Israel entre las naciones, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua. Tú les cumpliste lo que habías prometido, y nosotros pecamos dando culto a otros dioses. Por eso nos entregaste a nuestros enemigos.
Al enemigo no le basta nuestro amargo cautiverio, sino que se ha prometido a sus ídolos invalidar el pacto salido de tus labios, haciendo desaparecer tu heredad y enmudecer a los que te alaban. Ellos extinguieron tu altar y la gloria de tu templo, y abrieron los labios de los gentiles para que dieran gloria a sus ídolos y veneraran a un rey de carne.
No entregues tu cetro, Señor, a los que no son nada. Que no se burlen de nuestra caída. Vuelve contra ellos sus planes, y que eso les sirva de escarmiento. Atiende, Señor, nuestra tribulación, y a mí dame valor, tú que eres Rey de los reyes y Señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado, cuando tenga que hablar al león. Haz que yo cambie a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices. A nosotros, líbranos con tu mano, y a mí protégeme, pues no tengo otro auxilio fuera de ti.
Tú sabes que yo aborrezco este emblema de grandeza que llevo en mi frente, cuando aparezco en público. Lo aborrezco como un harapo inmundo, y en privado no lo llevo. Tu sierva no ha comido en la mesa de Amán, ni estimado el banquete del rey, ni bebido vino de libaciones. Desde el día de mi exaltación hasta hoy, tu sierva sólo se ha deleitado en ti, Señor, Dios de Abraham. ¡Oh Dios poderoso, escucha el clamor de los desesperados, líbranos de las manos de los malhechores, y a mí quítame el miedo".
Act:
16/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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