19 de Septiembre
Sábado XXIV Ordinario
San Ambrosio de Milán
Comentario del Salmo 118, III, 19-21
Oficio, II
Aquí vivimos en la sombra, y en la sombra observamos las palabras de Dios. Para echar mano de un ejemplo, no hace mucho observábamos las lunas nuevas y los sábados, y hoy guardamos el Sol de Justicia y sus domingos. David afirmaba esperar a la sombra de las alas del Señor, Zaqueo subió a una higuera para ver a Cristo, Natanael es visto bajo la higuera por el mismo Señor.
Jesús extiende sobre nosotros sus manos, para cubrir a todo el mundo con su sombra. ¿Cómo no vamos a estar en la sombra, los que nos hemos acogido al amparo de su cruz? ¿Cómo no vamos a estar en la sombra, si el Crucificado nos defiende de la malignidad del siglo y de los incentivos del cuerpo? ¿Es que olvidamos que el Verbo de Dios no vino al mundo como el Verbo pre-existente junto al Padre, sino que "se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo"?
Pues bien, lo mismo que Jesús, al nacer de la Virgen, se despojó de su rango, así hemos de hacer nosotros al leer las palabras de Dios, leyéndolas en el evangelio como en un espejo en el que adivinar y comprender toda la verdad. Cuando venga la madurez, estas mismas palabras divinas brillarán para nosotros en toda la plenitud.
Dijo el apóstol que "él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres; todo fue creado por él y para él". Una misma es, pues, la Palabra que obra en cada uno, y la que, al obrar en cada uno, obra todo en todos.
Esta Palabra, única junto al Padre, se diversifica en pluralidad, para que de su plenitud todos recibamos algo. Por eso, si consideramos cada una de las cosas que han sido creadas, descubriremos en cada una de ellas la palabra de Dios, y que ésta es una sola.
En nosotros, esta Palabra es una palabra humana, en otros es celeste, en varios es angélica. Existe la palabra de justicia, de castidad, de prudencia, de piedad y hasta de fuerza. De modo que, una sola Palabra, es una pluralidad de palabras, y una pluralidad de palabras forman una sola Palabra.
No resulta difícil comprender esto si tenemos en cuenta lo que leemos: que "el espíritu de sabiduría tolo lo puede". Por tanto, no debe crear dificultad que a unos se le haya dado la palabra apostólica, a otros la profética, a otros la palabra taumatúrgica, pues la Palabra reparte a cada uno según su propia capacidad.
Así pues, en este mundo vemos como en un espejo, pero somos capaces de ver. Sobre todo, esta Palabra que es el origen de toda palabra y de todo lo observable.
Act:
19/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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