18 de Septiembre
Viernes XXIV Ordinario
Libros
Proféticos
Baruc 1,14-2,5; 3,1-8
Oficio, I
Nuestro Dios, el Señor, es justo. Por eso, hoy a nosotros nos abruma hoy la vergüenza, a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas, y a nuestros padres. Nos abruma porque pecamos contra el Señor, y no le hicimos caso, y le desobedecimos, y no seguimos los mandatos que el Señor nos había dado.
Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto, hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, y hemos rehusado obedecerle. Por eso nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel. No hicimos caso a sus enviados, los profetas, y todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor reprueba.
El Señor cumplió las amenazas que había pronunciado contra nuestros gobernadores, reyes y príncipes, israelitas y judíos. Es más, jamás ha sucedido bajo el cielo lo que sucedió en Jerusalén, cuando la gente se comió a sus propios hijos e hijas. Sí, el Señor nos sometió a los reinos vecinos, y desoló nuestro territorio, y nos hizo objeto de burla y baldón para los pueblos donde nos dispersó. Fuimos vasallos y no señores, porque habíamos pecado contra el Señor, nuestro Dios.
Señor todopoderoso, Dios de Israel, un alma afligida, y un espíritu que desfallece, gritan hoy a ti. Escucha y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre, y nosotros morimos para siempre. Señor todopoderoso, escucha las súplicas de los israelitas que ya murieron, y las súplicas de los hijos de los que pecaron contra ti. Ellos te desobedecieron, y a nosotros nos persiguen las desgracias.
No te acuerdes de los delitos de nuestros padres, Señor, sino de tu mano y de tu nombre. Tú eres el Señor, Dios nuestro, y nosotros te alabamos. Tú nos infundiste tu temor para que invocásemos tu nombre, y te alabásemos en el destierro, ye apartásemos nuestro corazón de los pecados. Mira, hoy vivimos en el destierro donde nos dispersaste, y somos objeto de burla y maldición. Así pagamos los delitos de nuestros padres.
Act:
18/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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