18 de Octubre
Domingo XXIX Ordinario
San Lorenzo de Brindisi
Homilías, I, 5-6
Oficio, II
Éste es el antídoto contra el mortífero veneno del pecado: una fe verdadera y viva en Cristo, y activa en la práctica del amor. Del amor, sí, y de la caridad de Dios, pues quien no tiene la caridad de Dios no tiene a Dios. Como dice la Escritura, "el que no ama permanece en la muerte".
Ésta es la causa de la condenación, y el motivo por el que el mundo merece ser juzgado y condenado: que "la luz vino al mundo" (Dios se ha hecho hombre) y "los hombres prefirieron la tiniebla a la luz". Es decir, prefirieron la criatura al Creador, los vicios a la virtud, los pecados a la gracia, la muerte a la verdad. Prefirieron el mal al bien, sí, "llamando al mal bien y al bien mal" y "teniendo las tinieblas por luz y la luz por tinieblas".
Hermanos, algo tendréis que amar, pues al corazón le es tan connatural el amor como al fuego el calor. Como objeto del amor se te proponen la luz y las tinieblas, Dios y el mundo, la virtud y el vicio, la vida y la muerte, el bien y el mal. Cuidado, por tanto, con lo que elegís, pues si preferís lo amargo a lo dulce permaneceréis amargados. Dios es luz, el mundo es la tiniebla; Dios es oro, el mundo es barro.
Por lo menos, hermanos, no seáis ingratos. Si Dios nos ama de todo corazón, como un padre a sus hijos, o como una madre amantísima, ¿es que puede una madre olvidarse de su criatura, y no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues bien, dice el Altísimo, "aunque ella se olvide, yo no te olvidaré".
Amemos a Dios como hijos que aman al mejor de los padres. Dios entregó a su Hijo único por vosotros y por vuestra salvación personal. Amemos como San Pablo, que dijo "vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí". Amemos como Jesucristo, que dijo que "nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos".
Cuando Israel era gravemente oprimido en Egipto, por la cruel tiranía del faraón, Dios se compadeció y se apareció a Moisés. Se le apareció envuelto en las llamas de un fuego ardentísimo, y en medio de las zarzas, como diciendo: ¡Por ti me arrojaría al fuego!
Cuando Dios bajó a entregarnos la ley, descendió envuelto en llamas y en medio de tinieblas. Las llamas designan la pasión de las penas, las tinieblas significan la total privación de todos los bienes. Esto es lo que hizo Dios, para dar al hombre la fuerza sobrenatural de la ley y abrirle el camino hacia la vida eterna. Así es Dios de sabio, próvido, justo, fuerte, paciente, pío, leal al amor divino, adornado con toda clase de virtud.
Act:
18/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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