22 de Octubre

Jueves XXIX Ordinario

Libros Sapienciales
Eclesiástico 38, 25-39,15

Oficio, I

         El ocio del escritor aumenta su sabiduría, y el que está poco ocupado se hará sabio. En efecto, ¿cómo se hará sabio el que agarra el arado, y pone su orgullo en manejar la aguijada? Los que esculpen relieves de sellos, procurando variar el diseño, se esfuerzan por imitar la vida y se desvelan por terminar la tarea.

         El que guía los bueyes, dirige los toros y no habla más que de novillos. Se desvela por arreglar el establo y se preocupa de trazar los surcos. Lo mismo sucede al artesano y al tejedor, que se emplean en su oficio tanto de día como de noche.

         Lo mismo sucede al herrero que, sentado junto al yunque, estudia el trabajo del hierro. El soplo del fuego le seca la carne, mientras él brega en el calor del horno. El ruido del martillo lo ensordece, mientras él se fija en el modelo de la herramienta y se esfuerza por dar término a su tarea y perfilar la obra.

         Lo mismo sucede al alfarero que, sentado al trabajo, girar el torno con los pies, siempre preocupado por su tarea y trabajando para producir mucho. Con el brazo modela la arcilla, y con los pies ablanda su resistencia, al tiempo que se desvela por tener caliente el horno y terminar el barnizado.

         Todos éstos se fían de su destreza, y son expertos en su oficio. Sin su trabajo, la ciudad no tiene casas ni transeúntes. Con todo, ellos no son elegidos por los senadores, ni descuellan en la asamblea, ni toman asiento en el tribunal, ni discuten la justa sentencia, ni exponen su doctrina, ni entienden de proverbios. Ellos se limitan a mantener la vieja creación, ocupados en su trabajo artesano.

         El que se entrega de lleno a meditar la ley del Altísimo, en cambio, sí indaga la sabiduría de sus predecesores, y estudia las profecías, y examina las explicaciones de autores famosos, y penetra por parábolas intrincadas, e indaga el misterio de los proverbios y da vueltas a los enigmas.

         Hijo mío, presta tus servicios ante la nación, viaja por países extranjeros, prueba el bien y el mal de los hombres, madruga por el Señor y reza al Altísimo, pidiéndole perdón por tus pecados. Si el Señor lo quiere, él te llenará de espíritu de inteligencia, y derramará en ti sabias palabras, y te guiará con consejos prudentes, y te descifrará sus misterios, y te comunicará su doctrina.

         La inteligencia y la sabiduría no perecerá jamás, y nunca faltará su recuerdo, y su fama vivirá por generaciones. Los pueblos las recordarán, y la asamblea anunciará su alabanza. Mientras vivan, tendrá renombre entre mil, y eso les bastará para cuando mueran.

 Act: 22/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A