21 de Octubre

Miércoles XXIX Ordinario

San Juan Crisóstomo
Homilías, IV

Oficio, II

         No cabe duda cabe que escuchar asiduamente la sagrada predicación es algo bueno. No obstante, esta obra buena resultaría perfectamente inútil, si no fuera acompañada de la utilidad que se deriva de la obediencia.

         Por tanto, hermanos, no os reunáis aquí en vano. No lo hagáis, sobre todo si no queréis trabajar con gran celo (como varias veces os he pedido encarecidamente, y no me cansaré de repetirlo) en dar ejemplo, en traer aquí a otros hermanos y en exhortar a los que yerran.

         La doctrina que se expone aquí viene avalada por la conducta y por el tenor de vida, y no sólo por lo que se dice. Así pues, aunque vosotros no pronunciéis palabra, con sólo salir de aquí, y manifestar a los que no asistieron el provecho que habéis recibido, ya estáis multiplicando el fruto de la doctrina.

         Haced esto a través de vuestro talante exterior, de la mirada, de la voz, de vuestro modo de andar y de toda vuestra modesta compostura. Si así lo hacéis, estaréis dando una valiosa exhortación y un consejo muy necesario a vuestros semejantes.

         Hemos de salir de aquí como si saliéramos del Santa Sanctorum, como caídos del cielo, hechos más modestos, filosofando, diciendo todo con moderación y haciéndolo todo comedidamente. Al ver la esposa a su marido de vuelta de la asamblea, el padre al hijo, el hijo al padre, el siervo a su señor, el amigo al amigo, el enemigo al enemigo, todos caerán en la cuenta de la utilidad que hemos sacado de esta reunión, y se darán cuenta de que volvéis más sosegados, más pacientes y más religiosos.

         Pensad en qué misterios os ha sido dado participar, no olvidad que ya estáis iniciados, ofreced a los demás aquel místico canto que aquí hemos entonado con el tres veces santo. Demostrad a los profanos que habéis danzado con los serafines, que pertenecéis a un pueblo celestial, que formáis parte de un coro de ángeles, que habéis conversado con el Altísimo, que venís de reuniros con Cristo.

         Si de tal modo os comportáis, no necesitaríais mis discursos, y los que no asistieron a nuestra asamblea sacarían provecho sin haber venido, y acudirían prontamente para poder disfrutar de idénticas ventajas. Si ven con sus propios ojos la hermosura de vuestra alma, arderán en deseos de vuestra eximia belleza. Así como la belleza corporal es capaz de suscitar admiración en los espectadores, así puede conmover de igual modo la hermosura del alma, e incitar a un parecido celo.

         Adornemos, pues, nuestro hombre interior, y recordemos en la calle lo que aquí se dijere. Allí es donde las circunstancias nos exigen no echar nada en el olvido. Así como el atleta demuestra en la arena lo que ha aprendido en la palestra, así nosotros debemos manifestar en nuestras relaciones exteriores lo que aquí hemos oído.

 Act: 21/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A