23 de Agosto

Domingo XXI Ordinario

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre Mateo, LIV, 1-2

Introducción

         Pedro dijo a Jesús: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le contestó: "Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso". ¿Por qué Pedro es proclamado dichoso? Por haberlo confesado propiamente Hijo. No podemos conocer por otro medio al Hijo sino por el Padre, ni al Padre sino por el mismo Hijo. Y con esto, tenemos demostrada palmariamente tanto la igualdad de honor, como la consustancialidad entre el Padre y el Hijo.

         ¿Y qué le respondió Cristo? Esto mismo: "Tú eres Simón, el hijo de Jonás, mas tú te llamarás Cefas". Es decir: Puesto que tú has citado a mi Padre, yo nombro a tu padre; puesto que tú eres hijo de Jonás, yo soy el Hijo de Dios.

         En realidad, parecería superfluo decir "tú eres hijo de Jonás", mas como Pedro añadió "Hijo de Dios", para demostrar que él era Hijo de Dios, y de la misma sustancia que el Padre, por eso añadió Jesús aquel inciso: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Esto es, sobre la fe que has confesado, porque iban a ser muchos los que aceptarían la fe.

         Elevando los sentimientos del apóstol Pedro, Jesús lo constituye pastor de su Iglesia, y añade que "el poder del infierno no la derrotará", como diciendo: Si a ella no la derrotarán, mucho menos me derrotarán a mí. Así que no te turbes, cuando oyeres que he sido entregado y crucificado.

         A continuación, Jesús le concede una nueva distinción: "Te daré las llaves del reino de los cielos". ¿Qué significa ese "te daré"? Esto mismo: Lo mismo que el Padre te ha dado capacidad para conocerme, así también yo te daré más capacidad todavía.

         Fijaos. Jesús no dijo "rogaré al Padre que te dé", a pesar de ser ésta una rogativa de inefable valor, sino: "Te daré". ¿Y qué es lo que da? Las llaves del reino de los cielos, para que "lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

         ¿No ves cómo Jesús eleva a Pedro a la más sublime opinión sobre él? ¿No ves cómo con ese "te daré" se le revela a sí mismo? ¿No ves cómo, mediante esta doble promesa, demuestra que él es el Hijo de Dios?

         Lo que propiamente es competencia exclusiva de Dios, eso es lo que Cristo promete dar a Pedro, a saber: perdonar los pecados, mantener inconmovible a la Iglesia en medio de las agitaciones, convertir a un pescador en alguien más firme que la roca (aunque todo el mundo se ponga en su contra).

         En el pasado, el Padre había dicho a Jeremías que le convertiría en "columna de hierro y muralla de bronce", al frente de su pueblo. En el presente, Jesús dice a Pedro que él sería una piedra al frente de todo el mundo.

         Me gustaría preguntar, a quienes pretenden ver disminuida la dignidad del Hijo, una pregunta: ¿Cuáles son mayores: los dones que el Padre concede a Pedro, o los que le otorga el Hijo? Porque el Padre le revela al Hijo, y el Hijo se le revela para propagar tanto el conocimiento del Padre como el suyo.

         Por último, Jesús otorga a un hombre mortal todo poder en el cielo, al entregarle las llaves del Reino. Y dota a un hombre mortal de una firmeza mayor que la que hay en los cielos, depositando en él las esperanzas de aquello de: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

 Act: 23/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A