26 de Agosto

Miércoles XXI Ordinario

San Pablo
Carta a Timoteo 1,1-20

Oficio, I

         Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios, nuestro salvador, y de Jesucristo, nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor.

         Al salir para Macedonia, te encargué que no te movieras de Efeso y que ordenaras a algunos que no enseñaran más doctrinas diferentes ni se ocuparan de fábulas o interminables genealogías, porque esas cosas llevan a discusiones y no a lo que Dios quiere.

         Esta orden tiene por objeto el amor, y brota del corazón limpio, de la buena conciencia y de la fe sincera. Algunos han fallado en esto, y se han dado a vanas palabrerías. Pretenden ser maestros de la ley, y ni siquiera saben lo que dicen, ni entienden lo que dogmatizan.

         La ley es algo bueno, siempre que se use legítimamente y sabiendo esto: que no ha sido instituida para el justo. En efecto, la ley ha sido establecida para los criminales, insubordinados, impíos, pecadores, sacrílegos, profanadores, parricidas, matricidas, asesinos, libertinos, invertidos, traficantes de esclavos, mentirosos, injuriosos y todos los que se oponen a la sana enseñanza del evangelio.

         Jesucristo me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio, y eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Él tuvo compasión de mí, y eso que yo no era creyente ni sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, y por eso podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo. Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Por eso se compadeció de mí, y mostró en mí toda su paciencia, para que yo pudiera ser modelo de todos los que creen en él y tienen vida eterna.

         Te encomiendo dar estas instrucciones, hijo mío Timoteo, ateniéndote a los dichos inspirados que te designaron ya hace tiempo. Apoyado en ellos, presta servicio en este noble combate, armado de fe y de buena conciencia. Algunos se desentendieron de ella y han naufragado en la fe, entre ellos Himeneo y Alejandro. Yo mismo los entregué a Satanás, para que aprendan a no blasfemar más.

 Act: 26/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A