28 de Agosto
Viernes XXI Ordinario
San
Pablo
Carta I a Timoteo 3, 1-16
Oficio, I
Querido hermano, quien aspira a ser obispo no es poco lo que desea, porque el obispo tiene que ser irreprochable, fiel a su mujer, sensato, equilibrado, bien educado, hospitalario, hábil para enseñar, no dado al vino ni amigo de reyertas, comprensivo, no agresivo ni interesado.
El obispo tiene que gobernar bien su propia casa, y hacerse obedecer por sus hijos con dignidad. Uno que no sabe gobernar su casa, ¿cómo va a cuidar de la Iglesia de Dios? Que no sea recién convertido, por si se le sube a la cabeza y lo condenan como al diablo. Se requiere, además, que tenga buena fama entre los de fuera, para evitar el descrédito y que lo atrape el diablo.
Los diáconos tienen que ser responsables, hombres de palabra, no aficionados a beber mucho ni a sacar dinero, conservando la fe revelada con una conciencia limpia. Tienen que ser probados primero, y cuando se vea que son irreprensibles, que empiecen su servicio diaconal. Han de ser fieles a su mujer, gobernar bien su casas y sus hijos. Los que se hayan distinguido en el servicio progresarán, y tendrán libertad para exponer la fe en Cristo Jesús.
Aunque espero ir a verte pronto, te escribo esto por si me retraso. Quiero que sepas cómo hay que conducirse en la casa de Dios, en la asamblea del Dios vivo y columna y base de la verdad. Grande es el misterio que veneramos, el de Cristo manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, predicado a los paganos, creído en el mundo, llevado a la gloria.
Act:
28/08/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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