14 de Octubre

Miércoles XXVIII Ordinario

Pedro de Blois
Homilías, LIV

Oficio, II

         "La ley se dio por medio de Moisés; la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo". Por tanto, si Cristo es la verdad, creamos al Cristo que dice: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo".

         Cristo es el maná reconfortante, el cordero que en la ley era inmolado y manducado. Él se nos da en comida, él nos alimenta conforme a lo escrito que dice: "Comeréis de cosechas almacenadas, y sacaréis lo añejo para hacer sitio a lo nuevo".

         Lo añejo son los sacrificios de la antigua ley, que ofrecían Aarón y sus hijos sacrificando las crías de las ovejas, derramando la sangre de los novillos y de los cabritos. Lo almacenado fue el pan y el vino ofrecidos por Melquisedec, que prefiguraban el sacramento de Cristo y lo que había jurado el Padre: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".

         Para hacer sitio a lo nuevo había que sacar lo añejo (los sacrificios legales) y comer lo almacenado, ese "pan de ángeles" que Dios, en su bondad, preparó desde los tiempos antiguos.

         Cristo ha convertido en trigo el heno de nuestra carne, para "alimentarnos con flor de harina". Se ha convertido en "pan para nosotros", porque el corazón del hombre hay que sembrarlo y multiplicarlo en un corazón bueno. Se ha convertido para nosotros en grano de trigo, para sostenimiento de la fatiga del camino.

         Cristo es pan en la palabra de doctrina, pan en el ejemplo de la vida, pan de la gracia espiritual, pan de la gloria inacabable. Ésta es, dice Jesús, "la nueva alianza sellada con mi sangre".

         Esta alianza nos ha sido confirmada con la muerte de Cristo, para que nuestra existencia esté "unida a él en una muerte como la suya", "muramos al mundo" y "nuestra vida esté con Cristo escondida en Dios".

         El 1º sacrificio de esta Alianza consiste en ofrecerse uno íntegramente como hostia viva y agradable a Dios, sobre todo a través del sacrificio de la penitencia. Mi espíritu, dice el Señor, "es un espíritu quebrantado", y "un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias".

         El 2º sacrificio de esta Alianza es el ejercicio de la misericordia, sacrificio que, en atención a su exquisita excelencia, el Señor no llamó sacrificio sino justicia, diciendo: "Misericordia quiero, y no sacrificios". De este sacrificio está escrito: "Ofreced sacrificios de justicia".

         Existe un 3º sacrificio de esta Alianza, que consiste en "la enjundia y la manteca" y que procede de los entresijos del alma y de las profundidades del corazón. Me refiero al sacrificio de alabanza. Deseando el profeta presentar este sacrificio, como procedente de la fertilidad del corazón y de la plenitud de la caridad, dijo: "Me saciaré como de enjundia y de manteca".

         El 1º sacrificio se refiere a mí, el 2º sacrificio se refiere al prójimo, el 3º sacrificio se refiere a Dios. Si queremos ofrecer estos sacrificios, el régimen de la Alianza es Cristo, único modelo y único mensaje.

         El orden es éste: que así como se nos manda enmendarnos con Dios, así depositemos la fe de los sacrificios en Cristo. Si el hombre cree más a Cristo que en sí mismo, su espíritu sea creíble a Dios. Así pues, niégate a ti mismo y sigue a Cristo con esperanza y fe, porque él es "el camino, la verdad y la vida".

 Act: 14/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A