16 de Octubre

Viernes XXVIII Ordinario

Libros Sapienciales
Eclesiástico 17, 13-31

Oficio, I

         Los caminos del hombre están siempre en presencia de Dios, y no pueden ocultarse a sus ojos. Estos caminos se inclinan siempre al mal, maquinan siempre el mal y no son capaces de transformar los corazones de piedra en corazones de carne. El hombre no es como Dios, ningún hijo de Adán es inmortal, y todas sus obras están ante Dios como el sol, y sus injusticias están a su vista.

         El Señor, que es bueno y conoce a su criatura, no rechaza ni abandona al hombre, sino que lo perdona. A los que se arrepienten, Dios los deja volver, y reanima a los que pierden la paciencia. El Señor acepta la limosna del hombre como sello suyo, y su caridad como la niña de sus ojos. Dios se levantará para retribuirlas, y hará recaer sobre cada uno lo que merece. Dios pasa revista al ejército celeste, y ¡cuánto más al hombre, hecho de polvo y ceniza!

         Oh hombre, vuelve al Señor, abandona el pecado, suplica en su presencia y disminuye tus faltas. Retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. En el abismo, ¿ alabarás al Señor, o le darás gracias? El muerto ya no puede alabarlo, pues no existe. El que está vivo y sano sí puede alabar al Señor. ¡Qué grande es la misericordia y el perdón del Señor, para los que vuelven a él!

 Act: 16/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A