4 de Octubre
Domingo XXVII Ordinario
San Cirilo de Alejandría
Comentario de Isaías, IV, 4
Introducción
Laborioso era para el Verbo asumir nuestra condición humana y descender hasta nuestra pequeñez. Pero, como ya se dijo él mismo en la Escritura, "mi derecho lo lleva el Señor, y mi salario lo tiene mi Dios". En efecto, el Padre conoce las fatigas del Hijo con los hombres, y también él ha pronunciado su juicio.
¿Quieres conocer el juicio del Padre? ¿Y la sentencia dictada contra ellos? Escucha lo que el Salvador dice a los responsables judíos: "Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje".
Un poco después, añade el Señor: "Envió sus criados para percibir los frutos que le correspondían", y todos fueron maltratados. Cuando finalmente envió también a su propio hijo, conspiraron contra él y se dijeron: "Éste es el heredero. Venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia". Y efectivamente, lo mataron.
Después de haberles propuesto esta parábola, Jesús tomó de nuevo la palabra y les preguntó: "Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?". Le contestaron: "Hará morir de mala muerte a esos malvados, y arrendará la viña a otros labradores". A lo que Cristo replicó: "Por eso os digo: Se os quitará a vosotros el reino de los cielos, y se dará a un pueblo que produzca sus frutos". Lo que, finalmente, sucedió.
En efecto, fueron colocados al cuidado de la viña de Dios otros viñadores, en este caso los discípulos del Señor. Bajo su custodia, las nubes hicieron caer la lluvia, con la orden expresa de no regar en adelante la viña de los judíos. Gracias a ellos, Cristo pudo vendimiar uvas y no espinas, y nosotros podemos decir: "El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto".
Observa ahora conmigo la fuerza de las palabras, y considera la economía divina que el sapientísimo Pablo nos explica a su vez, cuando dice: "Siendo el Hijo igual al Padre, no hizo alarde de su categoría de Dios. Al contrario, se despojó de su rango, haciéndose obediente al Padre hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el nombre sobre todo nombre, de modo que a su nombre toda rodilla se doble".
Efectivamente, el Verbo era y es Dios. Fue Hijo de Dios y no se fatigó en vano, pues esta economía de salvación redundó en gloria suya, y salvación del género humano.
Act:
04/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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