4 de Octubre

Domingo XXVII Ordinario

Orígenes
Sobre la Oración, X-XI

Oficio, II

         Mediante la pureza de corazón, el orante se hace partícipe de la oración del Verbo de Dios, que está en medio de cuantos lo reconocen, que jamás se ausenta de las oraciones que se le dirigen, que ora al Padre como mediador del hombre.

         El Hijo de Dios es el pontífice de nuestra oblación, y nuestro abogado junto al Padre. Él ora por los que oran, pero no rezará por aquellos que no rezan, ni se constituirá en valedor ante Dios de aquellos que no obedecen los preceptos.

         Los ángeles también rezan con los que dignamente rezan, pues "más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse". Y también rezan con los que rezan los santos que descansan ya en el Señor. Por ejemplo, pensemos en Rafael, que presentaba a Dios el memorial de la oración de Tobit y de Sara.

         Una de las principales virtudes de la oración, según la palabra divina, es la caridad para con el prójimo, para con los que luchan en la vida, para con los que se hallan en la lábil condición humana y para con los que apoyan la lucha de los más débiles. Aquí en la tierra, y mediante la caridad fraterna, se cumple aquello de: "Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan". 

         Además, es necesario que la caridad abarque "la preocupación por todas las comunidades", pues "¿quién enferma sin que yo enferme?" y "¿quién cae sin que a mí me dé fiebre?", máxime cuando Cristo ha declarado estar él enfermo, y en la cárcel, y desnudo, y sediento y hambriento. Sí, Cristo considera propio todo cuanto sucede a los creyentes y necesitados. 

         Si "los ángeles de Dios se acercaron a Jesús y lo servían", hemos de pensar que ya esto hacían los ángeles mucho antes de la presencia corporal de Cristo entre los hombres. Si esto es así, y Cristo "vino a servir y dar la vida por sus amigos", ¡cuán numeroso será el servicio que los ángeles dispensarán a cada uno de los hijos de Dios, y a cuantos le temen y le invocan! ¡Cuánto colaborarán los ángeles con los apóstoles, con vistas al incremento y difusión de la Iglesia!

         Estos ángeles son los que, enterados en el momento de la oración por el mismo orante de las cosas que necesita, y como si hubieran recibido una delegación ilimitada, cumplen lo que pueden. Por su parte, Dios es quien, al tiempo de la oración, reúne en un mismo lugar tanto al orante como al ángel que puede venir en su ayuda.

         Para que nadie piense que esto sucede casualmente, el propio Jesucristo dijo que "hasta los pelos de nuestra cabeza están contados", y si están contados, cada ángel a nuestra custodia los conoce uno a uno.

         Los ángeles, inspectores y ministros de Dios, se hacen presentes a este o a aquel orante para actualizar las cosas solicitadas por él. Más aún, nuestro ángel custodio ora con nosotros, y ayuda en la medida de sus posibilidades a la realización de lo que pedimos.

 Act: 04/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A