4 de Octubre
Domingo XXVII Ordinario
Libros
Sapienciales
Eclesiástico 1, 1-20
Oficio, I
Toda sabiduría viene del Señor, y permanece en él eternamente. La arena de las playas, las gotas de la lluvia, los días de los siglos, ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura de la tierra, la hondura del abismo, ¿quién los rastreará? Antes que todo fue creada la sabiduría, la inteligencia y la prudencia, antes de los siglos.
La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?; la destreza de sus obras, ¿quién la conoció? Uno solo es sabio, y temible en extremo: el que está sentado en su trono. El Señor en persona la creó, la conoció, la midió, la derramó sobre todas sus obras y la repartió entre los vivientes, según su generosidad. Él la regaló a los que lo temen.
El temor del Señor es gloria y honor, es gozo y corona de júbilo. El temor de Dios deleita el corazón, y trae gozo, alegría y larga vida. El que teme al Señor tendrá buen desenlace, y el día de su muerte será bendecido.
El principio de la sabiduría es temer al Señor. Este principio asienta su cimiento perpetuo entre los hombres, y se mantiene con su descendencia. La plenitud de la sabiduría es temer al Señor. Esta plenitud sacia a los fieles con sus frutos, llena de tesoros sus casas y de productos sus despensas.
La corona de la sabiduría es temer al Señor, y sus brotes son la paz y la salud. Dios hace llover la inteligencia y la prudencia, y exalta la gloria de los que la poseen. La raíz de la sabiduría es temer al Señor, y sus ramas son una larga vida.
Act:
04/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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