8 de Octubre

Jueves XXVII Ordinario

Orígenes
Sobre la Oración, XXVIII.XXIII

Oficio, II

         Si tantos son nuestros acreedores, también son muchos nuestros deudores. Los hay que nos deben en cuanto hombres, otros en calidad de ciudadanos, hay deberes de las mujeres para con los maridos, y de los amigos para con los amigos.

         Si alguno de nuestros deudores se mostrare menos solícito en devolvernos los servicios que nos adeuda, debemos reaccionar con humanidad, sin recordar injurias y trayendo a la memoria las deudas propias. Y no solamente para con los hombres, sino para con el mismo Dios, con el que tantas veces nos hemos resistido a saldar.

         Teniendo presentes las deudas que no hemos pagado, y hemos defraudado en el pasado, seremos más indulgentes, máxime si no echamos en olvido lo que hemos pecado contra Dios y las palabras inicuas que hemos pronunciado contra él, bien por ignorancia o bien por adversidad.

         Si no aceptamos ser condescendientes con nuestros deudores, correremos idéntica suerte que aquel empleado que se negó a condonar la deuda del compañero que le debía 100 denarios. Habiéndosele perdonado la deuda, a continuación el Señor ordenó que lo encadenaran y encarcelaran, y le exigió el pago de lo que anteriormente le había perdonado.

         Todos tenemos potestad para perdonar los pecados cometidos contra nosotros, como se ve claramente en las palabras "así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". ¿Por qué? Por esto mismo: porque "también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo".

         Una vez que ya he tratado sobre las diversas partes de la oración, creo que ha llegado el momento de poner fin a este opúsculo. Me parece que son 4 las partes de la oración que he descrito, y que yo hallo en las Escrituras, y a cuyo modelo debe cada cual reducir, como a un todo, su propia oración.

         Estas son las partes de la oración.

         En 1º lugar, y según la capacidad de cada cual, y como exordio de la oración, hay que dar gloria a Dios, por Cristo con-glorificado y en el Espíritu Santo co-alabado.

         En 2º lugar, cada cual debe situar la acción de gracias universal por los beneficios concedidos a la comunidad, y luego gracias por los beneficios personales recibidos de Dios.

         En 3º lugar, a la acción de gracias parece oportuno que le suceda la dolida acusación ante Dios de los propios pecados, para que su medicina nos libere del hábito, de la inclinación al pecado y, por supuesto, perdone nuestros pecados.

         En 4º lugar y después de la confesión personal, me parece que hay que implorar los magníficos bienes celestiales, tanto para uno mismo como para toda la comunidad humana y cristiana.

         Por encima de todo, la oración debe finalizar con la glorificación de Dios, por Cristo y en el Espíritu Santo. Es justo que la oración, que comenzó con la glorificación, también termine con la glorificación, alabando y glorificando al Padre de todos, por Jesucristo y en el Espíritu Santo.

 Act: 08/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A