1 de Octubre
Jueves XXVI Ordinario
Libros Históricos
Judit 10,1-5.11-16; 11,1-6.18-21
Oficio, I
Cuando Judit terminó de suplicar al Dios de Israel, y acabó sus rezos, se puso en pie, llamó al ama de llaves y bajó a la casa, en la que pasaba los sábados y días de fiesta. Allí se despojó del sayal, se quitó el vestido de luto, se bañó, se ungió con un perfume intenso, se peinó, se puso una diadema y se vistió la ropa de fiesta que se ponía en vida de su marido.
Por su parte, Manasés se calzó las sandalias, se puso los collares, las ajorcas, los anillos, los pendientes y todas sus joyas. Quedó bellísima, capaz de seducir a los hombres que la viesen. A continuación, cogió un odre de vino y una aceitera, llenó las alforjas con galletas, pan de frutas secas y panes puros, y empaquetó las provisiones.
Cuando caminaban derechas por el valle, les salió al encuentro una avanzadilla asiria, que les echó el alto diciendo: "¿De qué nación sois, de dónde venís y adónde vais?". Judit respondió: "Soy hebrea, y huyo de mi gente. Quisiera presentarme a Holofernes, vuestro generalísimo, para darle informaciones auténticas. Le enseñaré el camino por donde puede pasar, y conquistar toda la sierra sin que caiga uno solo de sus hombres".
Mientras los soldados la escuchaban, admiraban aquel rostro, que les parecía un prodigio de belleza, y le dijeron: "Has arriesgado la vida apresurándote a bajar aquí, para presentarte a nuestro jefe. Ve ahora a su tienda. Te escoltarán hasta ella algunos de los nuestros. Cuando estés ante él, no tengas miedo. Dile lo que nos has dicho y te tratará bien".
Los cabecillas de la avanzadilla asiria eligieron a 100 hombres, que escoltaron a Judit y a su ama de llaves hasta la tienda de Holofernes. Holofernes le dijo: "Ánimo, mujer, no tengas miedo. Yo no he hecho nunca daño a nadie que quiera servir a Nabucodonosor, rey del mundo entero. Si tu gente de la sierra no me hubiese despreciado, yo no blandiría mi lanza contra ellos. Pero ellos se lo han buscado. Bien, dime por qué te has escapado y te pasas a nosotros".
Judit dijo a Holofernes: "Permíteme hablarte, y acoge las palabras de tu esclava. Si haces caso a las palabras de tu esclava, Dios llevará a buen término tu campaña, y no fallarás en tus planes. Él te ha enviado para poner a raya a todos, y gracias a ti le servirán los hombres, y todos vivirán a disposición de Nabucodonosor y de su casa".
Las palabras de Judit agradaron a Holofernes. Sus oficiales, admirados de la prudencia de Judit, comentaron: "En toda la tierra, de punta a cabo, no hay una mujer tan bella y que hable tan bien". Holofernes dijo a Judit: "Dios ha hecho bien en darnos a nosotros el poder, para destruir a los que desprecian a mi señor. Si haces lo que has dicho, vivirás en el palacio del rey Nabucodonosor y serás célebre en todo el mundo".
Act:
01/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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