20 de Septiembre

Domingo XXV Ordinario

San Agustín de Hipona
Homilías, LXXXVII, 1.5-6

Introducción

         Acabáis de escuchar la parábola evangélica de los jornaleros de la viña, que encaja perfectamente con la presente estación de la vendimia material. Y digo material, porque existe una vendimia espiritual, en la que Dios se goza con los frutos de su viña. El reino de los cielos se parece, en efecto, a "un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña".

         ¿Qué significa el gesto ése de "pagar el jornal empezando por los últimos"? ¿No leemos en otro pasaje del evangelio que todos recibirán simultáneamente la recompensa? En otro texto del evangelio, en efecto, leemos que el rey dirá a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre, y heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo".

         Si, pues, todos han de recibir el denario a la vez, ¿cómo entender que primero recibirán el jornal los contratados al atardecer, y por último los del amanecer? Si consigo explicarme, de modo que logréis entenderlo, loado sea Dios. Pues a él debéis agradecerle cuanto se os da por mi mano, que por otro lado no es de mi cosecha.

         Si preguntas, por ejemplo, quién de los dos jornaleros recibió primero la paga, a simple vista ésta es la respuesta: el que la recibió tras una hora de trabajo, y no el que hizo la jornada laboral de doce horas.

         No obstante, todos cobraron al mismo tiempo. Es decir, todos a la vez, y al final de la jornada laboral.

         Lo que pasa aquí es que unos recibieron el jornal al cabo de una hora, y los otros después de doce horas. Por eso algunos confunden las palabras, y piensan que unos lo recibieron primero, y otros después (tras un breve espacio de tiempo).

         Por tanto, los obreros de la primera hora (Abel, Noé...) recibirán su recompensa al mismo tiempo que la recibamos nosotros. Es decir, en el feliz y final momento de la resurrección.

         Y lo mismo sucederá con los obreros de la segunda hora (tales como Abraham, Isaac, Jacob y sus contemporáneos, llamados a media mañana), y los de la tercera hora (Moisés, Aarón y los que como ellos fueron llamados al mediodía), y los de la cuarta hora (los santos profetas, llamados por la tarde). Todos ellos recibirán al mismo tiempo la felicidad de la resurrección. Es decir, cuando se acabe este mundo.

         Respecto al fin del mundo, nos dice Jesús que también los cristianos (que somos los de la hora undécima, al caer la tarde) recibirán junto con ellos la felicidad de la resurrección.

         Así pues, todos los justos recibirán la misma paga y al mismo tiempo. No obstante, fijaos después de cuánto tiempo la recibirán los primeros.

         Por tanto, si los primeros llamados reciben la felicidad después de tanto tiempo, mientras que nosotros la recibimos después de un breve intervalo, aunque todos la recibamos simultáneamente, parece como si nosotros la recibiéramos primero, y que por ello somos privilegiados (por aquello de que nuestro galardón no se hizo esperar).

         En cuanto a la retribución, todos seremos iguales, los últimos igual que los primeros, y los primeros igual que los últimos, pues aquel denario es la vida eterna, y en la vida eterna todos serán iguales.

         No obstante, según la diversidad de méritos, diversamente resplandecerán los justos, aunque la vida eterna sea igual para todos. Lo que para todos es eterno, no es para unos más y para otros menos, pues lo que es infinito no tendrá fin ni para ti ni para mí.

         Eso sí, diferentemente brillarán allí la castidad conyugal, y la integridad virginal, y el fruto de las buenas obras, y la corona del martirio. En lo que a vivir eternamente se refiere, ni éste vivirá más que aquél, ni aquél más que éste. Todos vivirán una felicidad y armonía sin fin, si bien cada cual con su brillo peculiar.

 Act: 20/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A