20 de Septiembre

Domingo XXV Ordinario

Libros Históricos
Tobías 1, 1-25

Oficio, I

         Yo, Tobit, hijo de Tobiel, de Ananiel, de Aduel, de Gabael, de la familia de Asiel, de la tribu de Neftalí, fui deportado de Tisbé (al sur de Cades de Neftalí, en la Galilea), por encima de Jasor (detrás de la ruta occidental, al norte de Safed), a Nínive, durante el reinado de Salmanasar, rey de Asiria.

         Yo, Tobit, procedí toda mi vida con sinceridad y honradez, e hice muchas limosnas a mis parientes y compatriotas deportados conmigo a Nínive de Asiria. De joven, cuando estaba en Israel, mi patria, toda la tribu de Neftalí se separó de la dinastía de David y de Jerusalén, la ciudad elegida entre todas las tribus de Israel como lugar de sus sacrificios, en la que había sido edificado y consagrado a perpetuidad el templo de Dios.

         Todos mis parientes, y la tribu entera de Neftalí, ofrecían sacrificios al becerro que el rey Jeroboán de Israel había puesto en Dan, en la serranía de Galilea. Muchas veces, era yo el único que iba a las fiestas de Jerusalén, como se prescribe a todo Israel como ley perpetua.

         Yo corría a Jerusalén con las primicias de los frutos y de los animales, con los diezmos del ganado y la primera lana de las ovejas, y lo entregaba a los sacerdotes de Aarón para el culto. Entregaba el diezmo del trigo y del vino, del aceite y de las granadas, de las higueras y de los demás árboles frutales. Se lo daba a los levitas que oficiaban en Jerusalén.

         El segundo diezmo lo cambiaba en dinero, lo ahorraba durante 6 años y, cuando iba a Jerusalén por 6º año, lo gastaba allí. El tercer diezmo lo daba cada 3 años a los huérfanos, viudas y prosélitos agregados a Israel. Lo comíamos según lo prescrito en la ley de Moisés y según el encargo de Débora, madre de mi abuelo Ananiel (porque mi padre murió, dejándome huérfano).

         De mayor, me casé con una mujer de mi parentela llamada Ana. Tuve de ella un hijo y le puse de nombre Tobías.

         Cuando me deportaron a Asiria como cautivo, vine a Nínive. Todos mis parientes y compatriotas comían los manjares de los gentiles, pero yo me guardé muy bien de hacerlo. Como tenía muy presente a Dios, el Altísimo quiso que me ganara el favor de Salmanasar, y llegué a ser su proveedor.

         Durante el reinado de Salmanasar, yo solía ir a Media, y allí hacía las compras en casa de Gabael, hijo de Gabri, en Ragués. Allí dejé en depósito unos sacos con 300 kilos de plata. Cuando murió Salmanasar, su hijo Senaquerib le sucedió en el trono, las rutas de Media se cerraron y ya no pude volver allá.

         En tiempo de Salmanasar hice muchas limosnas a mis compatriotas. Di mi pan al hambriento y mi ropa al desnudo, y si veía a algún israelita muerto y arrojado tras la muralla de Nínive, lo enterraba. Enterré a los que mató Senaquerib al huir de Judea. Yo cogía los cadáveres y los enterraba a escondidas. Senaquerib mandaba buscarlos, pero no los encontraba.

         Un ninivita fue a denunciarme al rey, diciéndole que era yo el que los enterraba. Me escondí y, cuando me cercioré de que el rey lo sabía, y que me buscaban para matarme, huí lleno de miedo. Entonces me confiscaron todos mis bienes, los llevaron al tesoro real, y me dejaron únicamente a mi mujer Ana y a mi hijo Tobías.

         No habían pasado 40 días de esto cuando a Senaquerib lo asesinaron sus dos hijos, y su hijo Asaradón le sucedió en el trono.

         Asaradón puso a Ajicar (copero mayor, canciller, tesorero y contable de Senaquerib), hijo de mi hermano Anael, al frente de la hacienda pública, con autoridad sobre toda la administración. Ajicar intercedió por mí, y yo pude volver a Nínive. Durante el reinado de Asaradón regresé a casa, junto a mi mujer Ana, y a mi hijo Tobías.

 Act: 20/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A