22 de Septiembre

Martes XXV Ordinario

San Germán de Constantinopla
Sobre los Bienes Eclesiásticos, XCVIII

Oficio, II

         "Padre nuestro, que estás en los cielos". Realmente, Dios es el Padre de todos los seres. ¿Le llamas Padre? De hacerlo, regula tu vida como hijo, sé grato y complace a ese Padre tuyo que está en los cielos. Con todo, ¿te atreves a llamarte hijo del Ser todopoderoso que da órdenes al poderoso príncipe de este mundo y del mundo infernal, y que es el autor y señor de todo cuanto existe?

         Si llamas Padre a ese Dios, imítalo y date prisa en cumplir aquellos deberes que agraden a tu Padre. Si tus obras son malas, ten cuidado, pues él ha condenado al infierno al diablo y a todo su ejército de ángeles. Por tanto, ten cuidado con lo que dices y sé consecuente.

         "Santificado sea tu nombre". El nombre de Dios es el Hijo de Dios, es Jesucristo. Por eso, lo que pedimos al Padre es que su Hijo sea santificado en nosotros, en nuestra alma y en nuestro cuerpo, y nos vuelva irreprochables para el día del juicio. ¿Es que, tal vez, Dios no es santo? Evidentemente, sí lo es. Entonces, ¿por qué dices "santificado sea tu nombre"? Por esto mismo: por mí. Es decir, para que, a través, de mí, los hombres den gloria al Padre.

         "Venga a nosotros tu reino". El reino de Dios es el Espíritu Santo, al igual que su rey es Jesucristo. Lo que pedimos aquí, por tanto, es que "el reino de Dios esté dentro de nosotros". En efecto, al Espíritu Santo le corresponde santificar los corazones, e iluminar a las potestades espirituales y angélicas, y movilizar a los ejércitos celestiales y a todo hombre que viene al mundo y cree en el nombre el Padre.

         Así como una ciudad asediada por el enemigo pide refuerzos al rey, así también nosotros, asediados por los poderes adversos y por los pecados, recurrimos a Dios en busca de auxilio para que nos libere. ¿Lo llamas rey? Conviértete en su soldado espiritual, de forma que agrades al Rey en cuyo ejército te has enrolado.

         ¿Es que Dios no es rey, dado que su reino "está por venir"? Ciertamente, Dios reinó sobre las naciones, empleando el pretérito en lugar del futuro, y por esta razón rezamos a grandes voces: "Venga a nosotros tu reino". ¿Y quienes somos nosotros? Esto mismo: las naciones sobre las que ha de venir su reino.

         "Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo". La voluntad de Dios Padre es la economía de su Hijo. En el cielo, la voluntad de Dios es la concordia y la común armonía. Por eso, si tú quieres lo mismo para tu mundo, empieza a vivir en un amor sincero. Todo cuanto quieres y persigues, eso ya se hace en el cielo. Por tanto, haz lo posible para que eso mismo se haga también en la tierra.

         Señor, así como en el cielo se hace tu voluntad, y todos los ángeles viven en paz, y no hay entre ellos ni agredido ni agresor, ni ofendido ni ofensor, sino que todos te glorifican en medio de una profunda tranquilidad, "hágase tu voluntad" también en la tierra, entre los hombres que habitamos por todas las naciones sin una sola voz ni un mismo corazón.

 Act: 22/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A