23 de Septiembre
Miércoles XXV Ordinario
Libros Históricos
Tobías 4,1-6.16.20-23; 5,1-14.21-22
Oficio, I
Aquel día Tobit se acordó del dinero que había depositado en casa de Gabael, en Ragués de Media, y pensó para sus adentros: "He pedido la muerte. ¿Por qué no llamo a mi hijo Tobías y le informo sobre ese dinero antes de morir?". Entonces llamó a su hijo Tobías y, cuando se presentó, le dijo:
"Hijo mío, hazme un entierro digno. Honra a tu madre, y no la abandones mientras viva. Tenla contenta y no la disgustes en nada. Acuérdate de los muchos peligros que pasó por tu causa, cuando te llevaba en su seno. Cuando muera ella, entiérrala junto a mí, en la misma sepultura. Hijo, acuérdate del Señor toda tu vida. No consientas al pecado ni quebrantes los mandamientos. Haz obras de caridad toda tu vida, porque a los que obran bien les van bien los negocios. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y te dé éxito en tus empresas y proyectos, porque es el Señor quien da todos los bienes o humilla hasta lo profundo del abismo. Hijo, recuerda estas normas, y que no se te borren de la memoria. Y ahora, te comunico que en casa de Gabael, el de Gabri, en Ragués de Media, dejé en depósito 300 kilos de plata. No te apures porque seamos pobres. Si temes a Dios, y huyes de todo pecado, y haces lo que le agrada al Señor tu Dios, tendrás muchas riquezas".
Tobías respondió a su padre Tobit: "Padre, haré lo que me has dicho, pero ¿cómo podré recuperar ese dinero de Gabael, si ni él ni yo nos conocemos? ¿Qué contraseña puedo darle para que me reconozca y se fíe de mí, y me dé el dinero? Además, no conozco el camino de Media".
Tobit le dijo: "Gabael me dio un recibo, y yo le di el mío. Los dos firmamos el contrato, lo rompimos por la mitad y cogimos cada uno una parte, de modo que una quedó con el dinero. ¡Veinte años hace que dejé en depósito ese dinero! Bien, hijo, búscate un hombre de confianza que pueda acompañarte, y le pagaremos por todo lo que dure el viaje. Vete a recuperar ese dinero".
Tobías salió a buscar un guía experto que lo acompañase a Media. Cuando salió se encontró con el ángel Rafael, sin saber que era un ángel de Dios. Tobías le preguntó: "¿De dónde eres, buen hombre?". Rafael respondió: "Soy un israelita compatriota tuyo, y he venido aquí buscando trabajo".
Tobías le preguntó: "¿Sabes por dónde se va a Media?". Rafael le dijo: "Sí. He estado allí muchas veces, y conozco muy bien todos los caminos. He ido a Media con frecuencia, parando en casa de Gabael, el paisano nuestro que vive en Ragués de Media. Ragués está a dos días enteros de camino desde Ecbatana, porque queda en la montaña". Entonces, Tobías le dijo: "Espérame aquí, buen hombre, mientras voy a decírselo a mi padre. Necesito que me acompañes, y ya te lo pagaré". Rafael respondió: "Bueno, espero aquí, pero no te entretengas".
Tobías fue a informar a su padre Tobit, y le dijo: "Mira, he encontrado a un israelita compatriota nuestro". Tobit le dijo: "Dile que venga, y que yo me entere de qué familia y de que tribu es, para ver si es de confianza para acompañarte". Tobías salió a llamarlo, y le dijo: "Buen hombre, mi padre te llama".
Cuando Rafael entró en casa de Tobit, éste se adelantó a saludarlo. El ángel le respondió: "¡Que tengas salud!". Tobit comentó: "¿Qué salud puedo tener? Soy un ciego que no ve la luz del día. Vivo en la oscuridad, como los muertos que ya no ven la luz. Estoy muerto en vida. Oigo hablar a la gente, pero no la veo". El ángel le dijo: "Ánimo, Dios te curará pronto, ánimo".
Tobit le preguntó: "Mi hijo Tobías quiere ir a Media. ¿Podrías acompañarlo como guía? Yo te lo pagaré, amigo". Rafael respondió: "Sí. Conozco todos los caminos. He ido a Media muchas veces, he atravesado sus llanuras y sus montañas; sé todos los caminos". Tobit le preguntó: "Amigo, ¿de qué familia y de qué tribu eres? Dímelo". Rafael respondió: "¿Qué falta te hace saber mi tribu?". Tobit dijo: "Amigo, quiero saber exactamente tu nombre y apellido". Rafael respondió: "Soy Azarías, hijo del ilustre Ananías, compatriota tuyo".
Tobit le dijo: "¡Seas bien venido, amigo! No te me enfades si he querido saber exactamente de qué familia eres. Ahora resulta que tú eres pariente nuestro, y de muy buena familia. Yo conozco a Ananías y a Natán, los dos hijos del ilustre Semeyas. Iban conmigo a adorar a Dios en Jerusalén, y no han tirado por mal camino. Los tuyos son buena gente. Bienvenido, hombre, eres de buena cepa". Y añadió: "Te daré como paga una dracma diaria y la manutención, lo mismo que a mi hijo. Acompáñale, y ya añadiré algo a la paga".
Rafael respondió: "Lo acompañaré, no tengas miedo. Sanos marchamos y sanos volveremos, pues el camino es seguro". Tobit le dijo: "Amigo, que Dios te lo pague". A continuación, Tobit llamó a Tobías y le habló así: "Hijo, prepara el viaje y vete con tu pariente. Que el Dios del cielo os proteja allá, y os traiga de nuevo sanos y salvos. Que su ángel os acompañe con su protección, hijo".
Tobías besó a su padre y a su madre, y emprendió la marcha hacia Media.
Act:
23/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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