26 de Septiembre
Sábado XXV Ordinario
Libros Históricos
Tobías 10,8-11,17
Oficio, I
Cuando pasaron los 14 días de fiesta, que Ragüel había jurado hacer a su hija por la boda, Tobías fue a decirle: "Déjame marchar, porque estoy seguro de que mi padre y mi madre piensan que no volverán a verme. Te ruego que me dejes marchar a mi casa. Ya te dije en qué situación los dejé". Ragüel respondió: "Quédate aquí, y yo mandaré un correo a tu padre Tobit, con noticias tuyas". Tobías repuso: "No, por favor, déjame volver a mi casa".
Entonces Ragüel, sin más, entregó Sara a Tobías, y la mitad de sus bienes, criados y criadas, vacas y ovejas, burros y camellos, ropa, dinero y vajilla. Los despidió sanos y salvos, diciéndole a Tobías: "Salud, y que tengas buen viaje. El Señor del cielo os guíe, a ti y a tu mujer Sara. A ver si antes de morirme puedo ver a vuestros hijos". A continuación, dijo a su hija Sara: "Ve a casa de tu suegro. Desde ahora ellos son tus padres, como los que te hemos dado la vida. ¡Ojalá puedas honrarlos mientras vivan! Vete en paz, hija. A ver si mientras vivo no oigo más que buenas noticias tuyas". Los abrazó y les dejó marchar.
Por su parte, Edna se despidió de Tobías, diciéndole: "Pariente querido, que el Señor te lleve a casa. A ver si antes de morirme puedo ver a vuestros hijos. Delante de Dios te confío a mi hija Sara. No la disgustes nunca. Desde ahora yo soy tu madre y Sara tu hermana. ¡Ojalá viviéramos todos juntos toda la vida!". Los besó y los despidió sanos y salvos.
Así marchó Tobías de casa de Ragüel, sano y salvo, alegre y alabando al Señor de cielo y tierra, rey del universo, por el éxito del viaje.
Cuando estaban cerca de Casarín, frente a Nínive, Rafael dijo a Tobías: "Vamos a adelantarnos a tu mujer, y a preparar la casa". Caminaron los dos juntos, y el perro fue detrás de ellos. Rafael dijo a Tobías: "Ten a mano la hiel, pues estoy seguro que tu padre recuperará la vista. Úntale los ojos con la hiel del pez, y el remedio hará que las nubes de los ojos se contraigan y se le desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz".
Ana estaba sentada, oteando el camino por donde tenía que llegar su hijo. Tuvo el presentimiento de que llegaba, y dijo a su marido Tobit: "Mira, viene tu hijo con su compañero". Ana fue corriendo a arrojarse al cuello de su hijo, diciéndole: "Te veo, hijo, ya puedo morirme". Y se echó a llorar.
Tobit se puso en pie y, tropezando, salió por la puerta del patio. Tobías fue hacia él con la hiel del pez en la mano. Le sopló en los ojos, le agarró la mano y le dijo: "Ánimo, padre". Le echó el remedio, se lo aplicó y con las dos manos le quitó la piel de los lagrimales. Tobit se le arrojó al cuello, llorando, mientras decía: "Te veo, hijo, luz de mis ojos. Bendito sea Dios, bendito su gran nombre, benditos todos sus santos ángeles. Que su nombre glorioso nos proteja, porque si antes me castigó, ahora veo".
Tobías entró en casa contento, y bendiciendo a Dios a voz en cuello. A continuación, contó a su madre lo bien que les había salido el viaje. Traía el dinero y presentó a su esposa Sara, diciendo: "Está ya cerca, a las puertas de Nínive".
Tobit salió al encuentro de su nuera, hacia las puertas de Nínive. Iba contento y bendiciendo a Dios, y los ninivitas se sorprendieron al verlo caminar con paso firme y sin ningún lazarillo. Tobit les confesó abiertamente que Dios había tenido misericordia y le había devuelto la vista.
Act:
26/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()