3 de Noviembre
Martes XXXI Ordinario
Libros Sapienciales
Sabiduría 10, 1-11,4
Oficio, I
La sabiduría fue quien protegió al padre del mundo en su soledad, a la primera criatura modelada por Dios. Lo levantó de su caída y le dio el poder de dominarlo todo.
La sabiduría se apartó del criminal iracundo, y su saña fratricida le acarreó la ruina. Por su culpa vino el diluvio a la tierra, y otra vez salvó a la humanidad la sabiduría, pilotando al justo en un tablón de nada.
Cuando vino la barahúnda de los pueblos, concordes en la maldad, la sabiduría se fijó en el justo y lo preservó sin tacha ante Dios, manteniéndolo entero sin ablandarse ante su hijo. Cuando llegó la aniquilación de los impíos, la ella puso a salvo al justo, fugitivo del fuego llovido sobre la Pentápolis.
La sabiduría fue la testigo de la maldad de los impíos, y aún está ahí el yermo humeante, los árboles frutales de cosechas malogradas y la estatua de sal que se yergue, monumento al alma incrédula. Los hombres, en efecto, se mutilaron ignorando el bien, y legaron a la historia un recuerdo de insensatez, para que su mal paso no quedara oculto.
La sabiduría sacó de apuros a sus adictos. Al justo que escapaba de la ira de su hermano lo condujo por sendas llanas; le mostró el reino de Dios y le dio a conocer los santos. Ella dio éxito a sus tareas, e hizo fecundos sus trabajos. Ella lo protegió de la codicia de los explotadores, y lo enriqueció. Ella lo defendió de sus enemigos, y lo puso a salvo de asechanzas. Ella le dio la victoria en la dura batalla, para que supiera que la piedad es más fuerte que nada.
La sabiduría no abandonó al justo vendido, sino que lo libró de caer en pecado. Bajó con él al calabozo, y no lo dejó en la prisión, ni lo abandonó hasta otorgarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos. Así demostró la falsedad de sus calumniadores, y concedió al justo la gloria sempiterna.
Al pueblo santo, y a la raza irreprochable, la sabiduría los libró de la nación opresora. Ella entró en el alma del servidor de Dios, para hacer frente a reyes temibles con prodigios y señales. Ella dio a los santos la recompensa de sus trabajos, y los condujo por un camino maravilloso. Ella fue para ellos sombra durante el día, y resplandor de astros por la noche.
La sabiduría los hizo atravesar el mar Rojo, y los guió a través de aguas caudalosas. Allí sumergió a sus enemigos, y sacó a flote a sus hijos. Por eso los justos despojaron a los impíos y cantaron un himno al Señor, ensalzando a coro su brazo victorioso. Con ello, la sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los niños.
La sabiduría coronó con éxito las obras de los profetas. Ellos atravesaron un desierto inhóspito, acamparon en terrenos intransitados, hicieron frente a ejércitos hostiles y rechazaron a sus adversarios. Tuvieron sed y la invocaron, y una roca áspera les dio agua y les curó la sed.
Act:
03/11/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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