6 de Noviembre

Viernes XXXI Ordinario

Libros Sapienciales
Sabiduría 16,2-13.20-26

Oficio, I

         A tu pueblo, Señor, lo favoreciste. Para satisfacer su apetito le proporcionaste codornices, mientras los otros andaban hambrientos y sin apetito natural, asqueados por los bichos que les habías enviado. A tu pueblo lo alimentaste con manjar de ángeles, proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan a punto, de mil sabores, a gusto de todos. Este sustento demostraba tu dulzura, que servía al deseo de quien lo tomaba y se convertía en lo que uno quería.

         Así convenciste a nuestros enemigos de que eres tú quien libra de todo mal. A ellos los mataron a picaduras alacranes y moscas, sin que hubiera remedio para sus vidas. A tus hijos, en cambio, ni los dientes de culebras venenosas los pudieron, pues acudió a curarlos tu misericordia. No los curó la hierba ni el emplasto, sino tu palabra, Señor, porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte, llevas a las puertas del infierno y haces regresar.

         Por ti, Señor, el fuego aguantaba la nieve y el hielo. Lo hacía sin derretirse, para que ardiendo en medio de la granizada, y centelleando entre los chubascos, aniquilara los frutos de los enemigos, mientras los justos se alimentaban.

         La creación entera, sirviéndote a ti, su Hacedor, se tensa para castigar a los malvados, y se distiende para beneficiar a los que confían en ti. Toda ella, tomando todas las formas, está al servicio de tu generosidad, que da alimento a tus hijos queridos. En definitiva, no alimenta al hombre la variedad de frutos, sino que es tu palabra quien mantiene a los que creen en ti.

 Act: 06/11/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A