6 de Noviembre
Viernes XXXI Ordinario
San Ambrosio de Milán
Comentario del Salmo 118, VII, 7-8
Oficio, II
"En el tiempo de nuestra humillación, la esperanza nos consuela, y la esperanza no defrauda". El "tiempo de humillación" es el tiempo de la tentación, cuando el alma es entregada al tentador para ser probada con rudos trabajos. Es el tiempo de la lucha y del combate contra las potencias contrarias. El alma se ve humillada, pero también vigorizada por la palabra de Dios.
Así como la palabra de Dios crece cuando se acepta y comprende, así también el alma crece cuando comprende y acepta el momento de la prueba. Así como el cuerpo es animado, alimentado y sostenido por el espíritu vital, así también el alma es vivificada por la palabra de Dios y la gracia espiritual.
Recojamos, pues, estas palabras de Dios, y almacenémoslas en nuestra alma, en nuestros sentidos, en nuestra solicitud, en nuestras consideraciones y en nuestros actos, a fin de que nuestro comportamiento sintonice con las Escrituras y no tenga nada disconforme con los mandamientos celestiales, pudiendo así decir: "Tu promesa me da vida".
"Los insolentes me insultan sin parar, pero yo no me aparto de tus mandatos". El mayor pecado del hombre es la soberbia, pues de ella se originó nuestra culpa. Este fue el primer dardo con que el diablo nos hirió y abatió.
Si el hombre, engañado por la persuasión, no hubiera pretendido ser como Dios, no hubiera conocido la fragilidad humana. Si el hombre no hubiera usurpado las reglas del juego, jugando al bien y al mal, no hubiera sido arrojado de la felicidad paradisíaca. Si el hombre no hubiera atentado a lo prohibido, nunca habría caído en la herencia de la culpa cruel.
Act:
06/11/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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