25 de Octubre
Domingo XXX Ordinario
San Ambrosio de Milán
Comentario del Salmo 118, XIX, 36-40
Oficio, II
"Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables". El Señor está cerca de todos, pues es omnipresente. Si le ofendemos, no podemos huir de él, ni engañarle si en algo faltamos, ni lo perdemos si le adoramos. Dios todo lo escudriña, todo lo ve, asiste a cada uno y dice: "Yo soy un Dios cercano".
En efecto, ¿cómo podría Dios estar ausente de algún sitio, cuando "el Espíritu del Señor llena la tierra"? Donde está el Espíritu del Señor, allí está el Señor. "¿No lleno yo el cielo y la tierra?", dice del Señor. Así pues, ¿cómo va a estar ausente, el que todo lo llena? ¿Y cómo vamos a poder recibir su plenitud, si no está cerca de nosotros?
Sabiendo que Dios está en todas partes, y que llena el cielo, la tierra y los mares, dice David: "¿A dónde iré lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mirada?". ¡En qué pocas palabras se expresa que Dios está en todas partes, y que donde está Dios allí está su Espíritu, y que donde está su Espíritu allí está Dios!
Todo esto lo ha dicho el Hijo de Dios por boca de David, profetizando su encarnación bajó a la tierra, su resurrección y su ascensión al cielo, su muerte del cuerpo y su bajada a los infiernos en el infierno, para liberar a los que allí estaban prisioneros. Si queremos entenderlo de otra manera, pensemos que, allí donde está Cristo, está Dios Padre y el Espíritu Santo.
¿Dudaremos que, al avanzar el día, el sol difunde sus rayos por todo el orbe, e ilumina todas las cosas? Supuestamente no, pues su presencia es advertida hasta por los ciegos y por su progresivo calentamiento de la atmósfera. ¿Dónde no penetra su calor? ¿Qué no alcanzan sus rayos?
Así pues, no dudamos que el sol resplandece por doquier, y ¿dudamos que su Creador no está presente por doquier, y mucho más que el sol, en quien es "el reflejo de su gloria y la impronta de su ser"?
¿Qué es lo que no penetra Dios, incluidos los sentimientos ocultos del alma? Como dice la Escritura, "la palabra de Dios es una espada penetrante, hasta el punto de dividir alma y espíritu, coyunturas y tuétanos". Ésta es la palabra que anuncia a María el honrado Simeón, cuando le dijo: "Y a ti una espada te traspasará el alma, para que queden claras las actitudes de los corazones".
Cristo penetra, pues, cual palabra de Dios, toda alma humana, y la ilumina cual reflejo de la luz eterna. No obstante, él prefiere permanecer difusamente presente, para que el que se vuelve de espaldas al Sol de Justicia no disfrute de su resplandor (como el que se esconde en su casa de los rayos solares) y viva en las tinieblas (mientras los demás sí gozan de su luz).
Abrid a Cristo, por tanto, de par en par las ventanas, para que él ilumine vuestras casas con el fulgor del Sol de Justicia. La palabra de Dios llama a vuestra puerta y os dice: "Si alguien me abre, entraré". Ninguna puerta está atrancada para Dios, ninguna puerta está cerrada a la luz eterna. No obstante, él no atraviesa el dintel de la malicia, ni penetra los conventículos de la iniquidad.
Act:
25/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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