16 de Agosto
Domingo XX Ordinario
San Máximo Confesor
Centurias, I, I, 4-5.16-28.30-40
Oficio, II
El conocimiento de Dios es anterior a todo, y nadie que esté subyugado por las cosas terrenas podrá nunca alcanzar esta virtud. El que ama a Dios antepone su conocimiento a todas las cosas por él creadas, y todo su deseo y amor tienden continuamente hacia él.
Todo lo que existe ha sido creado por Dios y para Dios, y Dios es inmensamente superior a sus criaturas. Por tanto, el que dejan de lado a Dios, o se adhiere a las cosas inferiores, demuestra que tiene en menos a Dios que a las cosas por él creadas.
"El que me ama guardará mis mandamientos", dice el Señor, que continúa diciendo: "Amaos unos a otros". Por tanto, el que no ama al prójimo no guarda su mandamiento, y el que no guarda su mandamiento no puede amar a Dios, y el que no ama a Dios no puede conocerle.
El que da limosna imita a Dios, que no hace discriminación alguna y, en lo que atañe a las necesidades corporales, entre buenos y malos, justos e injustos, reparte a todos por igual, a proporción de las necesidades de cada uno.
La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino con prodigar a los demás los cuidados corporales. El fruto de la caridad consiste en la beneficencia sincera y de corazón, en la liberalidad y la paciencia, en el recto uso de las cosas.
El que renuncia sinceramente a las cosas de este mundo, y se entrega sin fingimiento a la práctica de la caridad, se hace partícipe del amor y del conocimiento divino. A este respecto, dice el profeta Jeremías: "No digáis: Somos templo del Señor". Bien, pero tú no digas tampoco: La sola y escueta fe en Jesucristo puede darme la salvación. Ello no es posible si no te esfuerzas en adquirir también la caridad, pues "también los demonios creen y tiemblan".
Act:
16/08/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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