31 de Mayo
Santísima Trinidad
San Gregorio de Nisa
Epistolario, V
Introducción
Gracias al don de la santísima Trinidad se hacen partícipes de una fuerza vivificante los que, a partir de la muerte, son reengendrados a la vida eterna, y por la fe son hechos dignos de esta gracia. No obstante, esta gracia es imperfecta si en el bautismo de salvación es omitido el nombre de una cualquiera de las personas de la santísima Trinidad.
En efecto, el misterio del segundo nacimiento no adquiere su plenitud en el solo nombre del Padre y del Hijo, sin el Espíritu Santo; ni tiene el bautismo capacidad de otorgarnos la vida perfecta en el solo nombre del Padre y del Espíritu, si se silencia al Hijo; ni en el Padre y el Hijo, omitido el Espíritu, se consuma la gracia de nuestra resurrección.
Por eso tenemos depositada toda nuestra esperanza y la confianza de la salvación de nuestras almas en tres personas, que conocemos con estos nombres: el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que es fuente de la vida; el Hijo unigénito del Padre, que es el autor de la vida (según afirma el apóstol); el Espíritu Santo de Dios, del que dice el Señor: "El Espíritu es quien da vida".
A nosotros, redimidos de la muerte, se nos imparte en el bautismo la gracia de la inmortalidad, por la fe en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo. Basados en esta razón, creemos no estar autorizados a admitir en la Santísima Trinidad nada servil, ni creado, ni indigno de la majestad del Padre. Una sola es nuestra vida, vida que conseguimos por la fe en la Santísima Trinidad, que fluye del Dios de todo lo creado (como de su fuente), que se difunde a través del Hijo y que se consuma en el Espíritu Santo.
Teniendo esto por cierto y por bien sentado, accedemos a recibir el bautismo tal como se nos ha ordenado. Creemos tal como hemos sido bautizados; sentimos tal como creemos; de suerte que nuestro bautismo, nuestra fe y nuestro modo de sentir, están radicados en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo.
Todos cuantos confiesan estas tres personas, y pía y religiosamente las reconocen en sus propiedades, creen que existe una sola divinidad, una sola bondad, un solo principado, una sola potestad y un solo poder. No abrogan la potencia de la monarquía, ni se dejan arrastrar a la confesión del politeísmo, ni confunden las personas, ni se forjan una Trinidad con elementos dispares y heterogéneos, sino que aceptan con simplicidad el dogma de fe, colocando toda la esperanza de su salvación en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo.
Todos estos comparten con nosotros una misma forma de pensar. Pedimos a Dios tener también nosotros parte con ellos en el Señor.
Act:
31/05/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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